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Opinión

El enojo.

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
24 de agosto de 2025

“El hombre iracundo provoca riñas, pero el que tarda en airarse calma las disputas.” Proverbios 15,18

Por: Selma Samur de Heenan “El hombre iracundo provoca riñas, pero el que tarda en airarse calma las disputas.” Proverbios 15,18 En ocasiones pareciera que el mundo está intoxicado de rabia. En la familia, en el trabajo, en la calle o en las redes sociales, abundan los gestos de intolerancia, impaciencia y agresión. Nadie está libre de haber perdido el sosiego alguna vez, pero otra cosa es cuando el enojo deja de ser algo ocasional y se convierte en una actitud permanente que perturba cualquier ambiente de tranquilidad. La psicología explica que la ira brota cuando sentimos amenazada nuestra seguridad o nuestros valores. La fe, en cambio, nos muestra que detrás del furibundo suele haber una fractura interior y una desconexión con Dios. Cuando estamos frente a una falta de control, bien sea por frustración o miedo, no solo herimos a los demás, sino que también nos consumimos por dentro. Y aunque enojarse es normal, permitir un enceguecimiento furioso, es destructivo. “No hay nada peor que un alma enojada: pierde la luz de la razón y se deja arrastrar como esclava.” San Juan Crisóstomo Las palabras hirientes, los insultos y los gestos de desprecio suelen ser un desahogo de lo que llevamos en el corazón: resentimientos o heridas sin sanar. Si no buscamos refrenar ese impulso violento, lastimamos a quienes tengamos cerca. No nos conformemos con decir “yo soy así”, porque es necesario decidir cambiar y buscar herramientas efectivas para liberarnos de aquella ira que nos esclaviza. Aprender a ver al otro como un don o ponernos en su lugar, cambia radicalmente la manera de relacionarnos. La vida no nos fue dada para gritar, humillar ni herir, sino para sociabilizar, acompañar y construir relaciones sanas. Mucho hablamos de lograr la paz del mundo o del país, pero, sino somos capaces de construirla y mantenerla en nuestro corazón y familia, será tarea imposible alcanzarla Es imperativo por nuestro bienestar y el de muchos, que busquemos reconciliarnos. No sabemos cuánto tiempo tendremos a quienes amamos, y desperdiciar la vida en enojos continuos es una derrota. La verdadera victoria está en dominarse a uno mismo, en sembrar paz y dejar que el amor que enseña Jesucristo sea el que florezca en cada relación. “El que tarda en enojarse vale más que un héroe, y el dueño de sí mismo más que el conquistador de ciudades.” Proverbios 16,32