
El dolor del proceso

Enfrentar la adversidad es inevitable. Jesús, en su última noche, oró con fe, pidiendo ayuda y rindiéndose a la voluntad divina. Aprende a orar así para encontrar consuelo.
Por Tatiana Valeta Lambraño A lo largo de nuestra existencia una cosa debe ser rápidamente aprendida, el hecho que siempre estaremos expuesto a procesos y eventos difíciles o dolorosos, que no hay éxito sin esfuerzo, felicidad sin tristeza y victoria sin batalla. La noche antes de ser apresado, la biblia cuenta que Jesús, luego de una gran cena rodeado por sus amigos, se encontraba luchando con una gran adversidad, no era otra cosa que el hecho de morir de la manera más dolorosa y vergonzosa de la época y, estando en el huerto de los olivos, lleno de temor y de un gran sufrimiento que le oprimía el alma y lo hacía sudar gotas de sangre, ora a su Padre que está en los cielos diciendo: “Padre si es posible aparta esta copa de mí, mas no se haga mi voluntad sino la tuya”. Lo que en nuestro lenguaje actual sería “Dios Padre, si tienes una prueba distinta, menos dolorosa, en verdad te lo agradezco, sin embargo, no me hagas caso, yo confió en ti. Durante la adversidad que estés viviendo es pertinente orar, Jesús lo hizo y su oración estuvo cargada particularmente de 3 partes: 1. Una declaración de fe: Esto es cuando Jesús declara que sabe que Dios Padre tiene el poder para hacer cambios al proceso que le toca vivir, confía en que él no lo haría pasar innecesariamente por una prueba que no tenga sentido o propósito en su vida. 2.Jesús le pide de ayuda: Pide una intervención, un milagro, que lo libre de pasar por esa prueba, por ese dolor. Siempre hace bien pedir ayuda y reconocer nuestra fragilidad, pues no siempre podemos y no todo lo sabemos. 3. Se rinde a la voluntad de Dios: este es un gran cierre en su oración, la cual inicia con “yo estoy convencido que tienes el poder de cambiar esta prueba, que me puedes ayudar para que no sufra, sin embargo, estoy tan convencido de tu amor por mí, que confío en tus planes y tu perfecta voluntad para mi vida. Si oras así y haces esta declaración, el resultado en ti será extraordinario, te sentirás acompañado(a) amado (a) y seguro (a), que todo estará bien y que esto de tu vida también pasará.