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Opinión

El Caribe y su música

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
29 de mayo de 2024

La Costa Atlántica colombiana, cuna del porro y la cumbia, revive su legado musical. Un análisis explora la aparente decadencia de estos ritmos icónicos y su rescate.

Por: Aníbal Paternina Padilla A partir de las primeras décadas de los años 40 y 50, la Costa Atlántica fue el epicentro musical de Colombia. Una época en que las casas disqueras se disputaban el privilegio de grabar los innumerables temas, magistralmente arreglados e interpretados por inolvidables agrupaciones casi irremplazables, como las de los connotados maestros Lucho Bermúdez, Pedro Laza, José Pianeta Pitalúa, Rufo Garrido, Pacho Galán, Francisco Zumaqué, Simón Mendoza, Edmundo Arias, Juancho Vargas, Jesús Nuncira Machado, José María Peñaloza, Pello Torres, Los Corraleros de Majagual y tantos grupos costeños cuya música llenaba todo en las programaciones de las emisoras. Al frente estaba el porro, que junto con la cumbia siguen siendo los ritmos madres de estas ubérrimas tierras del Caribe colombiano. ¿Qué ha pasado con estos nuestros ritmos que al parecer ya no están en el lugar que les corresponde? Esa es la pregunta que nos hacemos todos. Afortunadamente se está en procura de su rescate. De ahí la realización de eventos regionales en Sincelejo como el Encuentro Nacional de Bandas, el 20 de Enero y otros festivales que se cumplen a lo largo y ancho de la geografía costeña. Muchos estudiosos del folclor coinciden en afirmar que existen ciertos factores que podían incidir en la aparente decadencia de ritmos como el porro. Algunos consideran el escaso fomento que proporcionan los productores de fonogramas o las denominadas casas disqueras. Olvidan que el porro es uno de las manifestaciones musicales más hermosas y representativas de nuestra identidad; la industria fonográfica con sus direcciones artísticas y de producción han desdeñado la prolífica riqueza inspiradora de los compositores de esta parte del país, dándole prelación a manifestaciones artísticas no auténticas que difunden con agresivas campañas de mercadeo. Es el resultado del espíritu mercantilista que anima a las empresas discográficas. Es el desconocimiento sobre nuestra música que los lleva a explotar las riquezas melódicas de esta bella expresión del sentimiento humano, ignorando Inclusive la realidad histórica del disco en Colombia, que siempre tuvo en los porros, cumbias y fandangos los mejores éxitos para surtir las disqueras. Hoy caen en la repetición plagiaria de orquestas y conjuntos que ante la falta de Visión musical, recurren a desarreglos de baladas boleros y otros para transformar en salsa y champeta. Impregnémonos de nuestros ritmos tradicionales en cuyo discurrir se evocan recuerdos y leyendas.