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Opinión

El cambio

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
11 de diciembre de 2022

El gobierno colombiano, tras cuatro meses, genera incertidumbre. La gestión de Petro, con partidos diversos, plantea interrogantes sobre el rumbo y la adherencia a principios.

Por: Roberto Samur Esguerra. Después de apenas cuatro meses del nuevo Gobierno Nacional, es imposible calificar su gestión, y tal vez ni siquiera conjeturar acerca de las intenciones expresadas en la campaña, no aprobadas por casi la mitad de los votantes por el temor a un brusco cambio institucional, pero que ahora parecen estarse diluyendo por las explicaciones que el presidente suelta en trinos y discursos, para recoger las declaraciones de algunos ministros que, al parecer, no han entendido que la campaña terminó y que el Gobierno debe ponerse a trabajar, ya no para el Pacto Histórico, sino para todos los colombianos, conformado como está con la participación de partidos no afectos a la ideología ganadora, lo que resulta en un inédito esquema político. Ahí vemos, entre otros, al Partido Conservador,  defensor de la tradición, la propiedad y la empresa privadas, dentro de un Estado pequeño, no intervencionista, formando parte de un Gobierno de izquierda estatizador y socialista, con lo que surge la pregunta de si ello constituye una claudicación de sus principios o más bien una rectificación de los que representa el presidente Petro. Se nos responde que es necesario ajustarse a los cambios que la sociedad exige, pero se ignora  que no todo lo que cambia es para bien, y que ello debe estar enmarcado en un sistema constitucional vivido y arraigado en la Nación, lo que a juzgar por las reiteradas y diferentes manifestaciones públicas sobre apego a sus normas, parece ser de aceptación presidencial. Claro que hay que apoyar lo que contribuya a cerrar la brecha de la pobreza, la inequidad y la desigualdad, así provenga de contradictores ideológicos. Para eso al Partido Conservador le hubiera bastado con una declaración de independencia, y desde allí otear el panorama social de la Nación, en lo que se ha desenvuelto históricamente con holgura, para aprobar lo necesario y oponerse a lo que no convenga ni al país ni a su doctrina, nunca para formar parte estructural de un gobierno que combate su ideario.  Imposible desconocer que con la llegada de la izquierda al poder se avizora un nuevo régimen con elementos no ensayados en nuestra ya larga tradición democrática, lo que no deberá preocupar si el jefe del Gobierno entiende que de su apego a nuestro ordenamiento jurídico dependerá su éxito y una posible continuidad de su importado proyecto político. Al presidente Petro se le ha visto en misa y comulgando. Ojalá que haga suya la conocida oración que le pide a Dios serenidad para aceptar lo que no puede cambiar; el coraje para cambiar lo que se puede, y la sabiduría para establecer la diferencia.