
El balance de nuestra propia vida

Todos hacen balances para visualizar lo productivo o improductivo de sus negocios. Mi mayor empresa, es la vida, cada uno tiene la suya.
Todos hacen balances para visualizar lo productivo o improductivo de sus negocios. Mi mayor empresa, es la vida, cada uno tiene la suya. ¿Me he dado la oportunidad de hacer el balance de mi empresa personal,…mi existencia? ¿Cuál será el estado físico, mental y espiritual que poseo? Del primero la mayoría tiene respuesta. De los otros dos temas poco se habla, porque somos proclives a huirle a realidades que no queremos mirar ni reconocer. Queda más fácil hacer el balance a las vidas ajenas: a mi pareja, mi hijo, papá o mamá, vecino. Es un deber auto observarse para cumplir con el mandato de la creación: Crecer. ¿Cómo hacerlo si no me conozco? Solemos medirnos a través de experiencias externas o situaciones que nos ha tocado experimentar de frente a otros. Pero, qué tal si le doy una miradita a mi sentir. Sí…’SENTIR’ marca la pauta de cómo está mi interior. ¿Qué guardo? ¿Qué me pesa? ¿Qué recuerdos me duelen? ¿Quién o qué es el causante de mi dolor? ¿Soy el/la causante del dolor de alguien? ¿Qué pensamientos me limitan? ¿Qué me produce miedo y por qué? ¿Cargo en mi conciencia algún sentimiento de culpa? ¿Me siento derrotado, sin fuerza y no tengo claro que debo hacer con mi vida? O por el contrario en mi interior hay un torrente de calma, confianza plena, amor perfecto, agradecimiento con la vida. Esta conversación privada y honesta con uno mismo, suele ser muy sanadora. Especialmente porque cuando detecto que albergo o soy responsable de un mal sentimiento en mí, o en otra persona, se genera la oportunidad del perdón o la reconciliación, con uno mismo, y con otros, muy desde el interior. Un balance de palabras, intenciones y actos sin auto flagelarse, sin echar culpas ni convertirse en juez, solo para darse la oportunidad de comprender razones y motivos de alguna discordia o desacuerdo, coloca la conciencia en modo regulación. No es la autocrítica dañina que de nada sirve. Cuando logremos entender que somos dueños de los resultados de los procesos que creamos y de sus consecuencias, podremos tratar de avanzar sin temor a fallar o equivocarnos, porque sabremos revisar y reinventarnos nuevos y mejores caminos. El reconocimiento de nuestras imperfecciones es lo que motiva el cambio o crecimiento personal. Cada uno es artífice de su propio destino y avance, o de su propio estancamiento y derrota.