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Opinión

El accionar humano

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
11 de julio de 2026

Todo accionar humano produce un impacto y deja una huella, positiva o negativa. La diferencia está en la intención que haya propiciado la acción. Entre los humanos las consecuencias de un hecho sencillo benéfico, suele pasar desapercibido. No resuenan con la misma intensidad con la que flamean los resultados de situaciones efímeras, inverosímiles y ensombrecedoras.

Todo accionar humano produce un impacto y deja una huella, positiva o negativa. La diferencia está en la intención que haya propiciado la acción. Entre los humanos las consecuencias de un hecho sencillo benéfico, suele pasar desapercibido. No resuenan con la misma intensidad con la que flamean los resultados de situaciones efímeras, inverosímiles y ensombrecedoras. Nuestra especie es proclive a impresionarse con lo intrascendente, vano o vacío. Los aplausos los acapara lo impredecible: es tan apasionante un gol como un asesinato o suicidio, una película, canción, personaje famoso o reality,... Todo lo asumimos con la misma intensidad y ligereza. Lo trascendente lo convertimos en insignificante, y lo insignificante lo magnificamos. Conmueve la actitud enfermiza de complacencia ante un error involuntario de alguien, una vida malograda de otra persona, con tal que no sea la propia. Lo vital y esencial se da por sentado, ya no nos sorprende. Pertenecemos a una cultura de imitación, con tendencia a resaltar y gozarse las derrotas ajenas. Ese esquema seguirá vigente en los hogares que no cambien su estructura mental. Se desconoce el punto de equilibrado en las relaciones paternas, filiales, de pareja. Ese donde todos participen y puedan equivocarse, cumplan derechos y deberes, con metas, debilidades y fortalezas. Con hijos que celebren las alegrías y minimicen las derrotas, que opinen y propongan, con disciplina y respeto. Cancelar la burla frente a la fragilidad del otro. Generalmente el bulling nace en el hogar. Es una actitud tan lamentable como la indiferencia. Allí se aprende a convivir entre sentimientos armónicos o sentimientos de ataque, se cultiva la mirada compasiva por el hermanito indefenso, por el abuelo dependiente, por el papá luchador y la mamá abrumada y cansada. Como la semilla no regada, la planta mal podada, es el lugar donde se forma el carácter, la personalidad y los principios rectores, es fracaso total. Construir alegría produce bienestar, sentimiento compatible con la esencia humana original. Nacimos para vivir en fraternidad. Destruir los sueños de otros, aleja a los seres que mas amamos. “Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma”. Teilhard de Chardin