
El 20 de Enero

El Festival del Dulce Nombre de Jesús celebra su 179 aniversario en Sincelejo. Fiesta tradicional con música, color y fervor religioso, un evento que une a propios y visitantes.
Por Aníbal Paternina Padilla Llegó enero vestido de fiesta con nuestras celebraciones tradicionales enerinas, nuestra identidad a nivel mundial en honor del Dulce Nombre de Jesús, reflejado en su sagrada imagen del “Cabecita de Oro”, patrono inmaculado del famoso certamen veintenerino en su cumpleaños número 179, en homenaje a personajes y procuradores de nuestro incomparable festival. Este largo peregrinar de la alegría tiene su origen en el ancestro y fervor festivo y religioso de nuestro pueblo que cada año se viste con sus mejores galas para disfrutar sus fiestas, Porque todos los caminos conducen a Sincelejo. Hoy nos vienen a la memoria nostálgicas evocaciones de épocas veintenerinas del ayer lejano. En la torre de la vieja iglesia de San Francisco de Asís, el reloj canta cinco campanadas. Las recámaras de Cabío y Adolfo Muñoz lanzan su grito detonante que es un cordial mensaje de invitación a propios y foráneos. En epifánicas aleluyas las campanas de la otra torre replican sin cesar. Al desgrane de porros cumbias y fandangos las palmeras anhelantes de danzar, mesen su cabellera esmeraldina sin la posibilidad de mover los pies. Se descorre lentamente el velo inconsutil de la mañanita perfumada y fresca. La fiesta del Dulce Nombre está bien florecida. Del cuprífero instrumental se escapa un alegre fandango que acompasa jactancioso el bombo en las calles de Sincelejo por donde la banda suena. El entusiasmo como insecto eufórico pasa por las puertas abiertas e inocula su ponzoña de alegría que, febril se propaga contagiosa. El sol que baña de oro matinal la ubérrima sabana le da un beso a Sierra Flor y desciende al par que crece, festivo regocijo en el corazón de sincelejanos y visitantes. En la amplia plaza taurina y sus alrededores hay olor a ropa nueva; se escucha el crujir de abarcas y zapatos en estreno. El sombrero vueltiao luce vanidoso y señorial. En los andenes, guirnaldas de huevos de iguana, montañas de múcuras y tinajas. En las garitas debajo de los palcos, cristalinos licores que pugnan por escapar de sus cárceles de vidrio; azafates que ofrecen freskola, guarapo de caña y chicha de maíz. Bajo el sol del mediodía, rítmico tablereo de canillas con la entrada a la corraleja de astados y corceles, y un porro de Armando Contreras se desmaya al instante. La tarde se fugó con el sol y la noche con linternas de plata avanza en su persecución. En un oblongo con luces multicolores que ostenta el tricolor patrio, de súbito aparece el Dulce Nombre de Jesús. ¡Loor al 20 de Enero!