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Opinión

Educación superior consciente

Jaime De La Ossa Velásquez
Jaime De La Ossa Velásquez
Columnista
29 de junio de 2025

Se concibe la educación superior como un bien preferente de la sociedad, que independientemente del sistema político es parte importante de la agenda pública.

Por Jaime De la Ossa Velásquez Se concibe la educación superior como un bien preferente de la sociedad, que independientemente del sistema político es parte importante de la agenda pública. La educación superior permite que las personas se formen como mejores seres humanos, conscientes de su historia y su rol, así como democráticamente más responsables, con mayores habilidades y competencias. Es recurrente confundir la democratización de la educación superior con la democratización de la inclusión en la educación superior. En el primer caso, se trata de incrementar el número de matriculados, de instituciones y programas; en el segundo caso, se trata de crear los mecanismos para revertir las asimetrías de poder que exacerban las desigualdades y la discriminación. Ambas son necesarias si se busca una sociedad igualitaria, deben funcionar como una sola entidad, y a mi juicio, debería ser una democratización consciente de la educación superior, para que incluya ambos conceptos. La universidad reproduce a escala lo que sucede en la sociedad que la rodea. No es ajena al devenir político, social y económico del entorno en el cual se desenvuelve. La sociedad influye de forma positiva o negativa en los hechos y sucesos que vive su universidad. Una sociedad pacifica ejercerá influencia positiva, mientras que una sociedad agresiva impactará negativamente. Una democratización consciente de la educación superior debe contar con un entorno externo que trabaje en la misma dirección. Como un ente aislado no es posible concebirla y menos lograr un desarrollo armónico. Se entiende que la universidad tiene la obligación de formar en derechos humanos, y deben ser puestos en prácticas en todas las actividades para estructurar ciudadanos responsables, al tiempo que se impactaría a la sociedad externa y se masificaría su adopción. Se deben fomentar las practicas que permitan aplicar valores tales como: respeto, igualdad y justicia, mientras se reafirma la interdependencia, indivisibilidad y universalidad de los derechos humanos. La formación en derechos humanos debe estar contextualizada y centrada en el estudiante, y en relación con sus experiencias de vida y su propia realidad social; dotándolos de las capacidades requeridas para conocer y ejercer sus derechos y respetuosamente buscar las soluciones necesarias. En cuanto a quienes tienen la parte formativa, se debe hacer énfasis en el respeto y protección de los derechos humanos; deben estimular positivamente la participación y fomentar un entorno de aprendizaje sin carencias ni temores.