
Edad Dorada

La vejez, etapa final de la vida, enfrenta la esperanza y el temor. La sociedad a menudo la desdeña, pero la sabiduría y la experiencia de los mayores prevalecen.
Por Samuel Morales Turizo A los 65 años, se inicia esta etapa de la existencia humana. La vejez es la etapa donde el ser humano está habilitado físicamente y es la última fase para llegar a la muerte. Pues empezamos a envejecer desde el primer día de vida. Envejecer es esperanza y temor al mismo tiempo. La mayoría de los hombres aspiran a la longevidad, pero temen a los efectos del envejecimiento, por eso una prudencia del cuerpo y una sensatez de vida conlleva a lo que siempre se ha repetido: ¨cada uno tiene la vejez que se merece¨. Desafortunadamente vivimos en una sociedad que desdeña la vejez, sobre todo en nuestra civilización que admira más la fuerza física que la sabiduría. Los que nacemos siempre pasamos por la juventud, pero muchos jóvenes creen que esta bella etapa de la vida es perpetua. Pero no puede argumentarse que quienes pasan de determinados años deben ser conducidos al olvido o sea al rincón donde se aglutinan los muebles viejos. La fuerza física se va apagando por naturaleza, más la fuerza espiritual queda intacta y se fortalece, haciendo de que cada ser una fuente inagotable de sabiduría. Las personas cuando están en la edad provecta (maduro, entrado en años), le llueven los ataques personales. Muchos jóvenes, quieren despojar de gloria a personas que se han destacado en todos los ámbitos de la vida nacional. Acabar con sus cualidades, estandartes, y preseas. Pero ellos permanecen firmes en el timón, ajenos a la algazara de sus atacantes y los pueblos los consultan y en ocasiones los siguen y los oyen. En el conflicto generacional de nuevos y viejos, deben prevalecer los derechos que tienen estos últimos de ser atendidos, a que sus peticiones sean estudiadas, a que sus problemas cada día mayores e infinitos, le sean resueltos con prontitud. Los patriarcas de la tribu, los estadistas que se han retirado de su actividad política, por sus vivencias son personas casi inmortales y muchos que aspiran a reemplazarlos se frustran en la inútil empresa de derribarlos. Para el bienestar de la humanidad, se admite la solidaridad de los jóvenes, adultos y adolescentes los acostumbra los obliga a todos curiosamente a colaborar en conjunto.