Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Duelitos

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
20 de julio de 2024

Explora el concepto de "duelitos", pequeños duelos silenciosos ante renuncias y desilusiones. Un análisis sobre cómo la aceptación de la transitoriedad nos libera del sufrimiento.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Pensé mucho para poner el titulo a este escrito. Solemos usar los diminutivos para quitarle fuerza e importancia a lo que pensamos a sentimos: “me dio miedito”, “Me sentí tristecita”, “Tenía una rabiecita” … y así. Pero hoy el diminutivo lo voy a usar no para disminuir la carga, sino para mostrar esos duelos que hacemos paso a paso, poco a poco, con acumulación de pequeños dolores que transitamos en silencio, casi sin demostrarlo. Esa pequeña, pequeñísima punzada que se siente al respirar y que va amarrada de frustración, decisiones y renuncias. Las cuatro nobles verdades del Budismo definen que la fuente del sufrimiento es el deseo por las cosas temporales. Por tanto, para liberarse del sufrimiento se debe aceptar la transitoriedad de las cosas (personas, relaciones) y eliminar los deseos de las cosas temporales, llegando un estado vacío de todo deseo, anhelo, de lo que nos aferramos o a las frustraciones, a ese estado lo llama nirvana. Los duelitos no son el logro del nirvana, ni más faltaba, pero son pequeñas renuncias, paso a paso, de aquello que se ha deseado y que se reconoce como temporal. Reconociendo la imposibilidad de que se mantenga en nuestras vidas de la forma en que lo habíamos diseñado o fantaseado. Los duelitos, al acumularse, nos permiten dejar de esperar y reconocer, ya sin la bruma del deseo el verdadero alcance de eso que tenemos. El rompecabezas se arma y la imagen se nos revela con claridad. Son pequeños dolores que acumulamos cuando aceptamos que eso que queríamos no esta siendo lo que deseamos, no nos hace sentir bien y vamos renunciando a ello en silencio hasta que un dia, casi que, con sorpresa, nos damos cuenta de que ya no esperamos más. Las desilusiones, uno tras otra se acumulan, no sin dolor, hasta que el duelo se completa pieza por pieza. Es así como un día, casi sin esperarlo, nos damos cuenta de que el duelo se ha completado. Que eso que antes era central, ya poco nos importa, que eso que tanto queríamos, ya no nos importa tanto. Que podemos vivir sin esa persona, sin esa relación, sin esa cosa y que no nos pasa nada. El dolor fue vivido tan lentamente, de manera tan gradual, que un día simplemente se va. Los duelitos no nos ocurren a ciegas. Creo que son de las pocas cosas que vamos viviendo de forma consciente y con los ojos abiertos. Nos damos cuenta de esas punzadas, del malestar y la desilusión. Podemos lucharle e insistir racionalmente que no nos está sucediendo, podemos intentar llenarnos de razones para detener lo que vamos sintiendo; pero sabemos que no es verdad, que estamos asistiendo, cuadro a cuadro, irremediablemente, a la muerte de ese deseo en particular.