
Distraído

Un paciente, atrapado en la autocrítica, revela su desconocimiento personal. La terapia, un viaje introspectivo, desvela cómo la timidez esconde la falta de conexión consigo mismo.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante Recitó, como si fueran las líneas aprendidas de la obra de teatro escolar, el discurso que yo sospechaba gastado de tanto decirlo: Soy inseguro, soy miedoso, soy tímido, no me gusta la gente, me cuesta hablar y conocer personas. Y un montón de sustantivos, todos con la intención de disminuirlo y volverlo, ojalá, invisible a los ojos de los demás. - Todo lo que me dices está en función de la manera en que te relacionas con los demás. La forma en que piensas de ti cuando estas con otros. La manera en que temes que piensen los demás. Los defectos que luchas por esconder a las miradas externas. Está bien, ha sido la manera en que has aprendido a verte y por ende a tratarte, desde la mirada externa… Me gustaría que me hables de ti, sin la mirada de los otros. ¿Cómo eres y cómo te sientes tu? Un silencio largo se sembró en la conversación. Cerró los ojos y respiró… -¿Cómo hablo de mi sin hablar de los demás? Si _ dije_ Si no me contarás cómo te ven los otros, sino cómo eres tú, ¿Qué me dirías? Abrió los ojos como quien mira algo atentamente y quiere enfocarlo mejor -No sé… supongo que no me conozco a mí mismo... Lo frené antes de que siguiera con la esperada sucesión de autoincriminaciones que siguen tras una conclusión de ese tamaño. -Bien Interrumpí ¿Y qué es lo que te ha tenido tan distraído? ¿Distraído? Respondió con la mirada bastante confundida. -Si, distraído. Si me afirmas que no te conoces, interpreto que no lo has hecho porque has estado distraído en otras cosas. Cruzó brazos y piernas, Inclinó la cabeza hacia atrás apoyando la cabeza en el respaldo de la silla. -¿Es que sabes qué? dijo saltando en la silla, soltando brazos y piernas y poniéndose bien derecho No lo había notado, pero con tu pregunta me haces ver que lo que me distrae es pensar mal de mí. Si, no me conozco a mí mismo porque lo único a lo que doy vueltas es a lo que me falta, a lo que no hago, lo que no hago bien, los errores que cometo. No me conozco porque solo miro y le doy vueltas a lo mismo siempre… Esa fue la primera media hora de sesión. Para mí como terapeuta fue esclarecedora. Es que la timidez puede ser engañosa, en apariencia, la persona prefiere estar consigo mismo que con los demás, sabe estar consigo y por eso los otros lo abruman. Pero ¿Está realmente consigo quien se mira desde afuera? ¿Está consigo quien solo se enfoca en una porción de si? ¿Está consigo quien se dedica a disminuirse? Tenemos muchas preguntas en este proceso que inicia, pero la primera será siempre la que dirija la conversación: ¿En qué has estado distraído?