
Distintos caminos

Cada día del año celebramos la memoria de hombres y mujeres que alcanzaron la santidad y, por eso, tienen algo que enseñarnos. Recorramos junto a ellos la semana que comienza este domingo con san Joaquín y santa Ana, los abuelos de Jesús. Su legado fue contribuir a formar el hogar donde crecería la Virgen María. Hay vidas cuya mayor grandeza consiste en preparar el terreno para que otros den fruto.
«No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto.» Juan 15,16 Cada día del año celebramos la memoria de hombres y mujeres que alcanzaron la santidad y, por eso, tienen algo que enseñarnos. Recorramos junto a ellos la semana que comienza este domingo con san Joaquín y santa Ana, los abuelos de Jesús. Su legado fue contribuir a formar el hogar donde crecería la Virgen María. Hay vidas cuya mayor grandeza consiste en preparar el terreno para que otros den fruto. Mañana lunes contemplamos a san Pantaleón, un médico brillante que atendía gratuitamente a los pobres al comprender que su profesión era una oportunidad diaria para amar y servir. El martes recordamos a san Víctor I, un Papa que afrontó con valentía las decisiones difíciles que le correspondió tomar. El miércoles aparecen Marta, María y Lázaro, tres hermanos que hicieron de su hogar un lugar donde Jesús siempre era esperado y recibido. No existe casa más bendecida que aquella donde Cristo ocupa el centro. El jueves honramos a san Pedro Crisólogo, conocido como el «Doctor de la Palabra de Oro». Con su elocuencia iluminó las conciencias y acercó muchas almas a Dios. El viernes resplandece san Ignacio de Loyola, cuya conversión cambió por completo el rumbo de su existencia, demostrando que nadie está condenado por su pasado cuando permite que la gracia lo transforme. Finalmente, el sábado celebramos a san Alfonso María de Ligorio, brillante abogado, obispo y doctor de la Iglesia. Puso su inteligencia y sus talentos al servicio del Evangelio, convencido de que el mayor conocimiento es aquel que ayuda a las personas a encontrarse con Dios. En apenas una semana tenemos a unos abuelos, un médico, un Papa, tres hermanos, un gran predicador, un convertido y un jurista. Vidas llenas de dones y misiones diferentes, pero con un mismo destino. Dios no fabrica santos en serie. La santidad no consiste en parecerse a otro santo, sino en descubrir la misión que Dios nos confía y vivirla con fidelidad. Porque, aunque los caminos sean distintos, la meta siempre es la misma: el Cielo. «Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios preparó de antemano para que vivamos conforme a ellas.» Efesios 2,10