
Diseñando mi futuro

La autonomía personal y la responsabilidad son claves para la felicidad, según este análisis. Aprender a tomar decisiones y enfrentar desafíos es esencial para el crecimiento individual.
Por: Olga Lucía Bustamante Madrid. Sabía que era intolerante a la brisa y siempre debía estar protegida de ella. Dependía de mí, no de que mi familia me lo recordara, no de la calidad y cantidad de bufandas o suéteres que tenía en el closet o en mi bolso. Era mi responsabilidad protegerme sin importar el calor, el lugar o la ocasión, si se usaba o no. Existen problemas en la vida que no se solucionan con dinero, ni títulos, ni siquiera con buenos consejos. Si yo no cuento con los elementos personales necesarios para decidir, cuidarme, frenar y cambiar de rumbo mi existencia, de nada sirven las dádivas ni el proteccionismo que viene de afuera. Es el respeto y la valoración que yo tengo de mí mismo, el motor propulsor de cualquier cambio. Esta lección debe aprenderse desde muy temprana edad. No ‘querer’ oír, ni pensar, ni medir consecuencias, es como un grillete enganchado en los tobillos, que no permite el desplazamiento, y, por ende, la posibilidad de avanzar en la vida. Diferente es desear saber, buscar respuestas y enfrentar retos, porque la existencia se encarga de abrir caminos. Esto explica que la felicidad no es cuestión de poseer bienes materiales. Es esa mirada clara y nítida de las circunstancias, dependiendo de las intenciones y expectativas que me inspiran. Si deseo poco, obtengo poco. Si la meta es lejana, pero conozco el sendero y apuro el paso lleno de curiosidad, aprovisionándome de lo necesario sin escatimar esfuerzos, muy seguramente lograré mis objetivos, más temprano que tarde. No se es eternamente padre formador. Igualmente, no se es, hijo dependiente, de por vida. Solo en casos de discapacidad física y/o cognitiva. No es injusto que esto suceda, es el resultado de crecer, de adquirir autonomía y autosuficiencia, de esa existencia que nos ha sido dada a cada uno. Decidir la dirección que debo tomar para lograr mis sueños, es el paso más esperanzador, de lo contrario estaré permitiendo que otros diseñen mi futuro. Cuando entrego las riendas a otros para que decidan por mí, no tengo derecho a reclamar los resultados. La mejor ayuda que se puede dar a los hijos no es cargarlos en los momentos difíciles, sino mostrarles caminos y herramientas para enfrentar sus decisiones. El futuro no empieza mañana, empezó el día que nos soltaron de las manos y caminamos sin apoyo solos, y con nuestros sueños.