
Discriminación y sufrimientos

El verdadero historiador es quien escudriña su entorno y la misión primordial del investigador es conocer quiénes realizaron alguna cosa de magnitud para su pueblo.
El verdadero historiador es quien escudriña su entorno y la misión primordial del investigador es conocer quiénes realizaron alguna cosa de magnitud para su pueblo. La historia no puede hablar de un solo bando, también tienen que divulgarse los fracasos, los sufrimientos, de personas privilegiadas, humildes, olvidadas o desconocidas. A la mujer que ha sido santa, matrona, heroína, diva, escritora, reina, prostituta o incluso mujer común, tenemos que respetarle su calidad de madre, sus principios y su línea de dulzura. Aquellos tiempos de la Grecia clásica quedaron atrás, en donde las mujeres en la política eran discriminadas. Por ejemplo en la asamblea restringida solo los que llevaban armas o tenían derecho a llevarlas podía participar en la asamblea, Quedaban excluidos los esclavos y las mujeres. Han pasado siglos de la Antigua Grecia, pero realmente las mujeres de hoy tienen como objetivo luchar por la igualdad de género y que sus garantías constitucionales sean respetadas, tanto en el campo laboral como en el social y cultural. La otra parte contradictoria o divergente y a veces hasta lastimosa es que la mujer desempeña un papel público y privado, su figura corporal, su sexo, ingresan en las actividades lucrativas de la comunidad, se transforman en piezas o componentes de la esfera pública, se mercantilizan, se hacen visibles en el centro del mecanismo social, que nos regresa una mujer con apariencia ambigua o confusa: la prostituta, representación de un libre albedrio impensado o emblema del yugo. En todas las épocas las mujeres siempre han tenido sus inquietudes para defender sus derechos y sus libertades. En 1889 un conglomerado de prostitutas de la Habana crean la Cebolla, el primer periódico, indudablemente el único de ese tipo en América, destinado a proteger los intereses de las “mujeres públicas”. Este medio de información se convirtió en una enérgica forma de rebelarse contra los dispositivos judiciales, los prejuicios sociales y la persecución contra las prostitutas cubanas de finales del siglo XIX. Las mujeres honestas, las meretrices, todas, tienen sus derechos, no pueden tener limitaciones, merecen llevar una vida digna, construir igualdad y realizar políticas públicas para que las mujeres apunten a vivir en una sociedad sin violencia.