
Diplomacia errática e inseria

La diplomacia colombiana enfrenta críticas por nombramientos irregulares y polémicas declaraciones de sus representantes, como el canciller Leyva y el embajador Benedetti.
Por Ismael Guerra de la Ossa La diplomacia colombiana ha dado mucho de qué hablar en las últimas semanas. Todo por las salidas en falso de algunos de sus protagonistas, comenzando por el titular de la Cancillería, Álvaro Leyva Durán, quien ha sido duramente criticado por haber hecho una buena cantidad de nombramientos en cargos para los cuales los designados no cumplen con los requisitos de ley, para satisfacer compromisos políticos y de índole “mermeladoso” y clientelar, lo que tanto criticó su jefe Petro cuando era candidato. Pero también a Leyva se le ha cuestionado por otros hechos, entre ellos haber sido vocero de las Farc, según Pastrana, en los diálogos del Caguán. Últimamente, a Leyva parece se le fue la mano en fidelidad y acendrado amor por la causa “fariana”. Le pidió a la ONU en Estados Unidos que designara una comisión para que investigara lo que él llama, entrampamiento de que fueron objeto, según él, los terroristas Santrich y Márquez, sus compañeros de andanzas revolucionarias. Esto, claro, puso a Leyva como defensor de oficio de estos dos nefastos personajes que tanto daño le han ocasionado a la Colombia que representa Leyva en el plano internacional. Otro que ha dejado mal parado a su país en el exterior ha sido el embajador de Colombia ante la dictadura de Maduro, Armando Benedetti. Una vez posesionado dijo que en Colombia se violan más los derechos humanos que en Venezuela. ¡Imagínense ustedes! Seguidamente, incurrió en otro desliz. Dio como un hecho que en pocos días Colombia le compraría gas a Venezuela, cuando la infraestructura que para eso tiene Venezuela está tan inservible que no resiste que por sus tuberías ni siquiera fluya un metro cúbico de este hidrocarburo. Y hace poco Benedetti afirmó que Estados Unidos “ha estado negociando durante meses” con el régimen de Nicolás Maduro el levantamiento de sanciones en su contra, lo cual le valió una contundente rectificación de la Casa Blanca, que mediante comunicado dijo que Benedetti “no tiene ni idea de lo que está hablando”. Pero la metida de pata del embajador Benedetti más reciente fue su afirmación de que Colombia tenía casi lista la compra a Venezuela de su parte en Monómeros y que lo haría el Gobierno a través de Ecopetrol, cosa que rectificó enseguida esta empresa estatal desmintiendo enérgicamente a Benedetti. Definitivamente, estamos ante una diplomacia errática e inseria.