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Opinión

Dignidad financiera: El verdadero espíritu de la Ley de Insolvencia

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
29 de junio de 2025

En Colombia, ser deudor moroso no siempre es sinónimo de irresponsabilidad, cuando quienes caen en insolvencia son personas naturales trabajadoras y cumplidas ...

Por Susana Viera En Colombia, ser deudor moroso no siempre es sinónimo de irresponsabilidad, cuando quienes caen en insolvencia son personas naturales trabajadoras y cumplidas durante años, que enfrentan una combinación letal: desempleo estructural, tasas de interés bancario desbordadas y un sistema de protección social que falla en los momentos más críticos. La Ley de Insolvencia, establecida como mecanismo para reorganizar las finanzas de personas naturales no comerciantes, ha sido para muchos la luz al final del túnel. Lejos de ser un escape fácil para “no pagar”, esta norma es una expresión legal de humanidad, reconoce que las crisis existen y que merecen respuestas racionales y solidarias, no una soga en el cuello. En un país donde conseguir o mantener empleo formal se convierte en un privilegio, no un derecho garantizado, sumado a que los seguros de desempleo, son inservibles, pues no cubren ni la quinta parte del costo de vida promedio. Esta ley brinda una segunda oportunidad para proteger la estabilidad de quienes han caído en un ciclo de deudas impagables, y poder a través de acuerdos razonables, evitar el colapso emocional, familiar y financiero del ciudadano común. En Colombia, grupos empresariales como Avianca han recibido condonaciones o reestructuraciones de deudas millonarias. Dicha aerolínea enfrentó una crisis financiera y solicitó un proceso de reorganización bajo la Ley de Insolvencia, con una deuda reportada que superaba los 3 mil millones de dólares. Otro caso relevante fue el de Electricaribe, empresa de energía que fue intervenida y sometida a procesos de reestructuración de deudas ante problemas financieros persistentes. En Estados Unidos, Donald Trump se declaró en bancarrota empresarial cuatro veces entre 1991 y 2009. Estos casos muestran que la insolvencia no es sinónimo de fracaso absoluto, sino de un proceso legítimo que busca la recuperación. Sin embargo, la percepción social y la reacción de los bancos hacia los deudores naturales suelen ser menos comprensivas. Deudores que durante años fueron responsables y cumplidos enfrentan la insensibilidad de las entidades financieras, que no siempre reconocen los seguros que, como el FOGAFIN que protegen estos impagos. ¿Cómo puede una persona saldar sus deudas si los intereses crecen más rápido que su capacidad real de pago? Una sociedad debe entender que las crisis económicas son parte inevitable de la vida y que castigar sin ofrecer alternativas racionales es una forma de injusticia. Es importante que la sociedad y las instituciones vean esta ley como lo que es: una herramienta legal, racional y solidaria, que permite una segunda oportunidad real para quienes han caído en la trampa de un sistema financiero rígido y desigual. Ley de Insolvencia, más que un trámite judicial, es una oportunidad para restaurar la dignidad financiera. En un país justo, todo ciudadano merece volver a empezar.