
Diciembre

El Adviento, tiempo litúrgico clave para la Iglesia católica, inicia hoy. Prepara la llegada de la Navidad con símbolos como la corona y reflexiones sobre su verdadero significado religioso.
Por Selma Samur de Heenan El último mes del calendario representa, para muchas personas, la mejor época del año. Pero, indudablemente que para otras, puede ser todo lo contrario o no significar nada. La Iglesia católica inicia hoy el periodo de adviento, que es el tiempo litúrgico de preparación para la navidad, y culmina cuando esta inicia. Comprende cuatro domingos consecutivos, y, en cada uno de ellos, se enciende una vela que se encuentra dispuesta en un círculo llamado corona de adviento, ubicada muy cerca del altar. En total son cinco velas: tres moradas que significan que estamos en tiempo de espera. Y, en su orden, la primera simboliza la esperanza; la segunda, la fe; la tercera que es de color rosado, representa la alegría por el próximo nacimiento del divino niño Jesús; la cuarta, que es morada simboliza la paz. Se finaliza con una vela blanca puesta en el centro de la corona, que se enciende en la misa de la nochebuena, para expresar que ha llegado la luz del mundo. Todos estos preparativos tienen como objetivo principal, poner de presente que la navidad no es una fiesta mundana, sino solemne y de contenido religioso. Distinto es que se haya secularizado hasta el punto en que ya no se celebra al niño Jesús, sino al papá Noel, que si bien existió, y su verdadero nombre es San Nicolás, le fue cambiada hasta su identidad. No tengo nada en contra de los hermosos árboles navideños. Son decorativos y propician ambientes amenos. Pero lo que definitivamente deberíamos tener en nuestras casas y lugares públicos, son pesebres, porque ellos sí corresponden al concepto real de lo que se conmemora. No sigamos haciéndole el desaire al cumplimentado, es su fiesta y por lo tanto, debe ser el centro de atención de todos los invitados. Es a él a quien debemos darle muchos regalos y no esperar a que sea a la inversa. Estamos a tiempo de programar una navidad especial, respetando su sentido original. Los cristianos primitivos, los católicos ortodoxos y los de rito oriental, ayunan cuarenta días antes del nacimiento del redentor. Entre los católicos romanos crece el grupo de los que han decidido hacer lo mismo: ayunos, penitencias y oraciones para esperar el divino nacimiento y decir con fervor: Ven a nuestras almas, no tardes tanto, Jesús ven, ven.