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Opinión

¡Días especiales!

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
29 de marzo de 2026

Estamos iniciando la semana más especial del año litúrgico, y es oportuno recordar cómo fue que Jesucristo la vivió hace más de 20 siglos.

Estamos iniciando la semana más especial del año litúrgico, y es oportuno recordar cómo fue que Jesucristo la vivió hace más de 20 siglos. Domingo de Ramos. La entrada triunfal en Jerusalén del Nazareno, cuando el pueblo lo aclama, agitando ramas de palma al grito de “¡Hosanna al Hijo de David!”. Lunes Santo. El Señor actúa con firmeza, indignado por el comercio que ha invadido el lugar sagrado, vuelca las mesas de los mercaderes y los expulsa del templo. Martes Santo. Los enfrentamientos con los fariseos se intensifican, y Jesús denuncia con claridad la soberbia espiritual y la dureza de quienes se creen irreprochables. Miércoles Santo. Se concreta la traición al Maestro por parte de Judas al pactar su entrega. Es un día que invita a mirar con sinceridad nuestras propias infidelidades. Jueves Santo. Inicia el Triduo Pascual. Jesús instituye la Eucaristía y el sacerdocio, lava los pies a sus discípulos y luego en el huerto vive una agonía profunda en soledad hasta sudar su propia sangre. Viernes Santo. Tras ser llevado ante el Sanedrín y presentado a la autoridad civil, Jesús es condenado. Es flagelado, humillado y obligado a cargar la cruz hasta el Calvario. Recorre ese camino de dolor que hoy meditamos en el Viacrucis. Llega al Gólgota, es crucificado y muere. Es el día del sacrificio, de la obediencia hasta la muerte, del amor llevado al extremo. No se celebra la misa. Se proclama la Pasión, se adora la Cruz y se comulga con hostias consagradas el día anterior. Sábado Santo. El Señor yace en el sepulcro. Todo permanece en silencio. Se está en espera y recogimiento. La Virgen María se mantiene firme, incluso en medio del dolor. Al anochecer se celebra la Vigilia Pascual, la liturgia más solemne del año. Se bendice el fuego, se enciende el cirio pascual y, en medio de la oscuridad, la Iglesia proclama con gozo: ¡Cristo ha resucitado!, anticipando en la noche santa la celebración del día de la Resurrección. Domingo de Pascua. El sepulcro está vacío. Cristo ha vencido a la muerte. La tristeza se transforma en gozo y la esperanza se hace certeza. La Iglesia celebra la victoria del Señor, fundamento de nuestra fe. Todo cobra sentido: la cruz no fue el final, sino el camino hacia la vida.