
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

La violencia contra las mujeres no es un problema aislado ni coyuntural: es un hecho estructural que atraviesa sociedades enteras y que, pese a décadas de lucha, sigue cobrando vidas y limitando proyectos de vida.
Por Manuel Andrés Cadrazco Martelo La violencia contra las mujeres no es un problema aislado ni coyuntural: es un hecho estructural que atraviesa sociedades enteras y que, pese a décadas de lucha, sigue cobrando vidas y limitando proyectos de vida. El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conmemorado cada 25 de noviembre, nos recuerda que esta no es una fecha de celebración, sino de denuncia y exigencia. Las cifras más recientes son contundentes. En América Latina se registraron cerca de 4.000 feminicidios en 2024, y en Colombia, solo en los primeros nueve meses de 2025, se contabilizaron más de 620 feminicidios. La Organización Panamericana de la Salud y la OMS estiman que una de cada tres mujeres de 15 años o más en la región ha sufrido violencia física o sexual en algún momento de su vida, y que una de cada cuatro mujeres entre 15 y 49 años ha sido agredida por su pareja. Estos datos muestran que la violencia no distingue edad ni condición: el 21% de las adolescentes ya la ha vivido antes de cumplir los 20 años, y el 23% de las mujeres mayores de 65 también reporta haberla sufrido. En Bogotá, por ejemplo, entre enero y junio de 2025 se denunciaron más de 17.000 casos de violencia intrafamiliar contra mujeres, un incremento del 28% frente al año anterior. Frente a ello, no basta con indignarse: se requieren políticas integrales, presupuestos suficientes y voluntad política sostenida. Un aspecto clave es la transformación de los sistemas de atención. Un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo plantea que la digitalización puede ser una herramienta poderosa para mejorar la respuesta institucional. Plataformas digitales permiten a las víctimas acceder más rápido a información, denunciar sin barreras físicas y recibir acompañamiento en tiempo real. Además, la tecnología puede ayudar a coordinar mejor a las instituciones, reducir la revictimización y garantizar trazabilidad en los procesos. Sin embargo, la digitalización no es una panacea: requiere inversión, formación de funcionarios y un enfoque centrado en la dignidad de las mujeres. La violencia contra las mujeres es un problema político, social y cultural. No se resolverá con campañas aisladas ni con discursos. Se necesita un compromiso real: leyes que se cumplan, presupuestos que se ejecuten, funcionarios que actúen con empatía y comunidades que se movilicen.