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Opinión

Deserciones en política

Luis Manuel Espinosa
Luis Manuel Espinosa
Columnista
7 de noviembre de 2023

En política, los cambios de postura son inevitables, no deserciones. El texto analiza la evolución del comportamiento electoral, desde batallas campales hasta la "empresa electoral", sin hablar de traiciones.

Por Luis Manuel Espinosa En política no hay deserciones. Hay cambios de actitud o de pensamiento y nada más. El hecho de que alguien abandone una causa política por algún motivo, no es una deserción y menos una traición. Se operó un cambio en el sentir de la persona que lo impelió a modificar su comportamiento y en una democracia es del libre albedrio la propia determinación. Nadie puede obligar a otro a estar junto a su persona, ni como compañero ni como conmilitón. Cada quien es libre de optar por lo que quiera y en eso no hay limitaciones ni coerciones. Así debe funcionar una democracia. Mussolini decía, el que no cambia en política está loco o está muerto. Y cuando se participa en una actividad política se está expuesto a sufrir toda clase de embates, porque el arte de conducir los pueblos está lleno de sinsabores, de dulces derrotas y triunfos amargos. En las elecciones pasadas, que antes se denominaban de mitaca y ahora regionales, se pudo apreciar una generalidad de hechos que obligan al repaso y al análisis. Si bien se percibió una tendencia en el electorado, no significa, que hubo un cambio rotundo en materia electoral. Porque la tendencia fue la de permanecer las gentes en el molondrismo de los grupos tradicionales como dijera Ramiro Fernandez Badel. En obedecimiento igualmente, a los estímulos de que se valen las empresas electorales para sus fines. Y eso, si se quiere, hay que reconocerlo como una modalidad expedita de obtener el voto. Si antes, las elecciones se hacían mediante batallas campales y después con la llegada del Frente Nacional a mediados del siglo XX con el clientelismo; una práctica utilizada para ganar electores a base de prebendas y de compadrazgos políticos. Ahora se pasó a la empresa electoral, organización de carácter vertical y eficaz, que remplazó al partido político. En fin, de la mesnada electoral a la clientela electoral y de esta, a la empresa electoral. Y en esto, no hay traiciones ni deserciones. Únicamente la evolución natural de los pueblos a formas de acomodamiento. Si no hay ideas ni propuestas concretas, los pueblos se atienen al ofrecimiento del halago pasajero. Es como una expresión moderna de la demagogia, un populismo económico se diría. Después de todo, en América Latina, se partió de un colonialismo que impuso un pujo bárbaro, luego a maneras mas amables como el compromiso clientelista, hasta llegar a mecanismos aberrantes pero funcionales como el incentivo electoral. De lo cual se desprende, idear una nueva forma democrática mediante minorías organizadas.