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Opinión

Deseando la paz

Édgar Arrieta González
Édgar Arrieta González
Columnista
3 de mayo de 2024

La paz en Colombia exige proteger la vida, construir democracia y superar la violencia. El diálogo y un nuevo pacto social son clave para un futuro con equidad y esperanza.

Por Édgar Arrieta González Un derecho esencial, bastante menguado en el tortuoso transcurrir de Colombia ha sido la integridad y la seguridad de la vida en una sociedad anclada en esquemas pre-modernos respecto de su convivencia y de la garantía de la vida como un imperativo ético. Cada muerte que le arranquemos a la guerra es un motivo que confirma la validez, la dimensión humana y la proyección histórica de las negociaciones de paz. Superar a través del dialogo los conflictos de tantos años seria todo un triunfo, en un país atravesado por múltiples violencias, un gran paso hacia ella. A partir del hecho fundamental de no seguirse matando, el propósito de solidificar la paz tiene que apuntar a dignificar la vida de los colombianos, avanzando en un esfuerzo colectivo por construir futuro y esperanzas sobre bases sólidas. Ello va aparejado con la construcción de democracia y participación ciudadana. Es decir, se trata de un nuevo relacionamiento social que debe implicar el cambio en la manera de hacer política en el país, dándole vigor a un sistema en el que la democracia deje de ser un mero símbolo, para convertirse en la posibilidad de un buen vivir de todos, comenzando por garantizar los derechos sociales. En esta coyuntura histórica a todos se nos abriría un camino para desarrollar actividades y protagonizar un proceso de cambio social que permita avanzar en la construcción de nación, abandonando la cultura del rencor, el odio, la venganza y la violencia que históricamente ha permeado la sociedad, la cual ha impedido que la equidad, los valores democráticos, la solidaridad y el respeto sean los referentes básicos en nuestra convivencia. Indudablemente en los procesos de pos-acuerdos urgen nuevas ideas de la ciudadanía para implementar instrumentos que posibiliten dinamizar la institucionalidad y darles ánimo a los sectores políticos. Se trata, por lo tanto, de construir una infraestructura de paz capaz de enfrentar las desigualdades y exclusiones que nos han dejado tantas décadas de conflicto y de violencia. La voluntad política de los colombianos tendrá que traducirse en la construcción de un nuevo país, mediante un renovado pacto social, que apunte a superar la desigualdad social, la inequidad económica, así como la exclusión política que fueron históricamente las causas fundamentales del conflicto armado. De esta manera, se le estaría dando sentido al pluralismo y a la participación ciudadana para comenzar a generar una sociedad equitativa sustentada en valores.