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Opinión

Desde la tierra al Cielo

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
2 de noviembre de 2025

Hemos tenido dos días continuos de celebraciones importantes.

Por: Selma Samur de Heenan Hemos tenido dos días continuos de celebraciones importantes. Ayer fue la festividad de todos los Santos, esos que gozan de la gloria eterna, tanto los canonizados por la Iglesia como aquellos a quienes no se les promovió una causa de beatificación. Algunos pueden ser incluso de nuestra familia o comunidad, amigos o conocidos que merecieron esa gracia desde antes de morir o que la alcanzaron después de haber sido purificados en el Purgatorio. Y hoy conmemoramos a los fieles difuntos, cuyas almas que aún no han llegado a la visión beatífica de Dios y necesitan nuestra ayuda. Sobre la existencia del Purgatorio encontramos enseñanzas bíblicas, teológicas y doctrinales. En el libro 2 Macabeos 12,46 se lee: “Es cosa santa y saludable orar por los difuntos para que sean liberados de sus pecados.” San Alfonso María de Ligorio afirmó que en el Purgatorio se sufre por el deseo de unirse a Dios sin poder alcanzar esa gracia por méritos propios, dependiendo de quienes aún peregrinamos en la tierra y de la ayuda que les brindamos con nuestras oraciones, sacrificios, limosnas, ayunos y Eucaristías. Cuando ofrecemos misas o plegarias por un difunto, su alma recibe el consuelo inmenso de irse purificando y, por ende, acercándose al Paraíso. La austríaca María Simma relató que Dios le permitió recibir visitas de las almas del Purgatorio para que el mundo recordara que allí no se condena, sino que se purifica el amor. Ellas le revelaron los motivos por los que permanecían allí: no haber perdonado, hablar con dureza o haber descuidado la caridad. Decían que los pecados contra el amor pesan más de lo que imaginamos: la indiferencia, la crítica constante, el orgullo y el resentimiento son heridas que deben sanarse antes de ver a Dios. También confesaban su dolor al sentirse olvidadas por aquellos a los que amaron en vida terrenal, pues un alma no purificada sufre más por la ausencia del amor que por el fuego mismo. La Iglesia está dividida en tres: Triunfante, Militante y Purgante. Todas forman un solo cuerpo en Cristo. Los santos interceden por nosotros; nosotros ayudamos a las almas del Purgatorio, y ellas, agradecidas, también ruegan por quienes las socorren. Así la caridad divina enlaza la tierra con el Purgatorio y el Cielo y mantiene viva la comunión de los santos.