
Descuido y desobediencia

La prudencia es clave ante la incertidumbre, como ilustra la parábola de las diez vírgenes. Jesús insta a la preparación constante, priorizando la vida espiritual sobre lo terrenal.
Por: Selma Samur de Heenan. Muchas veces, sin tener la certeza exacta del momento en que ocurrirá un hecho, empleamos algunas medidas de precaución que nos llevan a evitar una situación incómoda. Por ejemplo, cuando se ven las nubes oscuras, buscamos un paraguas y decimos: “por si acaso o quién quita”. Antes de viajar, empacamos cosas extras que muy seguramente no vamos a necesitar, argumentando que “uno nunca sabe”. También tenemos la costumbre de poner una porción extra en la olla para “en caso de que nos ‘caiga’ una visita”. En su Palabra, Jesús nos habla de diez doncellas que estaban esperando al novio. Como la mitad de ellas eran descuidadas, no tuvieron en cuenta las recomendaciones sobre la cantidad de aceite que necesitarían para mantener encendidas sus lámparas. Las otras, en cambio, por obedientes y precavidas, tenían suficiente. A la llegada del prometido, unas pretendían a última hora, que las otras las auxiliaran, sin reparar en que las consecuencias serían negativas para todas. Pero las mujeres prudentes siguieron en esa misma tónica, y se negaron a quedarse sin su provisión de aceite y entraron al banquete, mientras que las otras fueron a comprar el combustible que les faltaba. Cuando regresaron de la tienda, encontraron las puertas cerradas, y al tocar clamando «Señor, Señor, ábrenos.» ÉL les respondió: «En verdad, se lo digo: no las conozco.» Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora» Mateo 25,11-13 A pesar de que les estaba respondiendo a cinco jovencitas, Jesús en la parte final, habla para todos, usando el término “despiertos”, con lo que nos está exhortando a mí y a ti, hombre o mujer, para que estemos siempre preparados, bien sea que se trate de un llamado personal a la conversión; del día de nuestro paso a la vida eterna o de su segunda venida. Nuestro Señor nos está pidiendo que seamos juiciosos y prudentes; que no descuidemos nuestros deberes para con ÉL, y que mantengamos viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, haciendo lo bueno y agradable a sus ojos que todo lo ven. Recordemos que ÉL es bueno, fiel y misericordioso, pero también es justo y exigente. Siempre nos alerta para que estemos atentos a la Divina voluntad, que actuemos conforme a ella y no a lo que nos gusta, nos complace o acomoda. ¿Por qué razón tomamos tantas medidas de precaución para mantener bien las cosas en el orden terrenal, y descuidamos lo más importante que es nuestra vida espiritual?