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Opinión

Democracia algorítmica

María Eugenia Vides Argel
María Eugenia Vides Argel
Columnista
19 de junio de 2026

El debate político en Colombia se trasladó de las plazas públicas a los servidores de TikTok, X (antes Twitter) y Meta. Hoy, millones de compatriotas se informan y opinan a través de una pantalla, sin duda, hemos entrado de lleno en la era de la democracia algorítmica, escenario en el que la intención de voto termina siendo moldeada por líneas de código diseñadas para capturar la atención mediante contenidos que pueden generar indignación, miedo o división, creando una realidad paralela, donde nos sentimos en libertad de opinar, dar like, compartir, etiquetar o simplemente seguir navegando.

El debate político en Colombia se trasladó de las plazas públicas a los servidores de TikTok, X (antes Twitter) y Meta. Hoy, millones de compatriotas se informan y opinan a través de una pantalla, sin duda, hemos entrado de lleno en la era de la democracia algorítmica, escenario en el que la intención de voto termina siendo moldeada por líneas de código diseñadas para capturar la atención mediante contenidos que pueden generar indignación, miedo o división, creando una realidad paralela, donde nos sentimos en libertad de opinar, dar like, compartir, etiquetar o simplemente seguir navegando. Los algoritmos no están diseñados para el consenso, su objetivo es la retención y viralización de contenidos en los que el rival político se transforma en un enemigo absoluto, desde una lógica digital que responde a las ansiedades individuales de cada votante, según su historial de navegación. Así, mientras a un ciudadano puede preocuparle la pérdida de un subsidio, a otro le indigna la inseguridad y en cuestión de minutos, sus dispositivos terminan inundados de contenidos que refuerzan esas ideas, desde un sistema de recomendación donde solo vemos opiniones idénticas a las nuestras. El debate público terminó moldeado desde la estrategia digital, las bodegas, los ejércitos de bots y los contenidos generados con inteligencia artificial, que permiten clonar voces, alterar declaraciones o difundir noticias falsas con una velocidad que supera la capacidad de reacción de las autoridades electorales, de los periodistas y de los mismos ciudadanos. Este panorama configura un gran desafío político y regulatorio en un país históricamente polarizado, aún estamos a tiempo de transformar la democracia algorítmica en una oportunidad para la inclusión y el diálogo ciudadano. Colombia necesita avanzar con urgencia en una legislación de soberanía de datos y transparencia algorítmica, que obligue a las plataformas a auditar sus sistemas y a que las campañas identifiquen claramente cada contenido financiado y generado por IA, privilegiando la transparencia, la educación digital, la empatía y mayores controles sobre el tipo de contenido, contribuyendo a una ciudadanía más informada y verdaderamente soberana. La tecnología debe ser una herramienta para ampliar la participación, más no un mecanismo de control invisible, donde el diseño del algoritmo termine reemplazando el libre albedrío del elector. La solución no es apagar las pantallas ni mirar los avances tecnológicos con desconfianza, por el contrario, el camino debe construirse desde el optimismo crítico y la forma en que decidamos hacer clic.