
Debacle Partidista

La epistemología griega sentó las bases del conocimiento. En Colombia, los partidos políticos, otrora cruciales, enfrentan hoy una profunda crisis de liderazgo e ideas.
Por Samuel Morales Turizo Los primeros que hablaron de epistemología (la ciencia del conocimiento) fueron los griegos, y estos inventaron las ideas. En el periodo histórico de la Colonia, es decir más exactamente a finales del siglo XVIII y la primera década del siglo XIX, el surgimiento de los partidos políticos fue nulo. Las minorías selectas desempeñaban un papel de desosiego y el pueblo irrumpió en el escenario del Virreinato, de manera relativa. Pero los movimientos precursores de la Independencia hicieron prosperar a las agrupaciones partidistas. Cómo cambian los tiempos. Cada día que pasa a los colombianos menos les interesa la política. Los partidos políticos se han convertido en unos mazacotes ideológicos, no existe liderazgo en ninguno de ellos. Estos movimientos partidistas se han centralizado en la capital de la República y se caracterizan por ser organizaciones temporales, reaparecen en la época electoral. Los partidos políticos se han sumergido en una crisis profunda de líderes y de ideas. Este fenómeno es exclusivamente colombiano. Las colectividades políticas no poseen un ideario propio ni programas sustentables. Todo lo ha ocasionado la aparición de políticos emergentes, sin ninguna cultura política. El avance, la influencia de los narcos, paramilitares, en las instituciones estatales y el ostracismo voluntario u obligatorio de la escena política. Aquí lo que prima es la apropiación burocrática del Estado por clanes electorales. La mayoría de los partidos de Colombia han abandonado a las bases. Estas se encuentran huérfanas, sin liderazgo, sin protección, sin vocerías de las necesidades más apremiantes. Estas agrupaciones partidistas para muchos son medios de adquirir prestigio, poder, riqueza y hasta turbios negociados y encubrimiento de fechorías. Les falta cumplir una decisiva función social, sus programas nunca se cristalizan. En el siglo XXI, los partidos modernos son organizaciones pragmáticas, es decir, todo se basa en hechos visibles. Patrocinar la transparencia, con plena visibilidad y claridad de las acciones de los dirigentes influyentes y evitar los excesos y desmanes de los dineros del Estado. Lo más lastimoso para la democracia colombiana es que estos partidos, incluyendo a sus militantes más poderosos, son los primeros en detener la renovación, especialmente las leyes del Congreso que vayan contra ellos, o sea a renovarlos.