Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

¿De qué se habla en terapia?

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
13 de julio de 2024

En el consultorio terapéutico, territorio sagrado, se exploran amores, sombras y miedos. Un espacio de transformación donde terapeuta y paciente aprenden valiosas lecciones sobre la vida.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante El consultorio de un(a) terapeuta se siente casi como un territorio sagrado. Es un lugar cálido, acogedor y protector cuando las personas o necesitan; pero también es fuerte y confrontador cuando es momento de mostrar nuestras sombras, aquellas cosas que no queremos ver. En terapia se habla de amores y desamores. Del amor propio y del amor ajeno. De las miradas crueles con las que nos miramos y nos evaluamos. De las duras críticas que nos hacemos. De las huellas y marcas que ciertas personas y experiencias han dejado en nuestras vidas. De las historias que nos avergüenzan. De las cosas que nos sentimos orgullosos. De aquellos que nos han herido y de otros que nos han sanado. De aquellas metas que se han frustrado. De las expectativas que hemos alcanzado y aquellas que nos terminan hiriendo. Hablamos de nuestra historia y sus manifestaciones en nuestro presente. Clarificamos los para qué de nuestras posturas frente a ciertas situaciones. Conectamos lo que pensamos, sentimos y hacemos buscando coherencia. Tomamos decisiones a pesar de que estas, en muchas ocasiones, sean incómodas. Reconocemos las maneras en que nos defendemos y los límites que no hemos puesto. Miramos a los ojos los miedos que atraviesan nuestros vínculos. Le damos voz a nuestras sensaciones y al permitirles hablar orientamos o reorientamos lo que hemos sido hasta ese momento. Los terapeutas sabemos que en algunos momentos las personas salen tranquilas y otras tristes o enojadas. En momentos salen queriéndonos y en otros momentos lamentando haber elegido venir. Unas veces salen llenos de dudas y otras con claridades y respuestas. En otras ocasiones las personas salen contrariadas, sintiendo que tienen más preguntas que respuestas, pero intuyendo que esas preguntas son las que pueden orientar el sentido y reestructurar las cosas. A los terapeutas nos duelen genuinamente las historias de nuestros pacientes. No estamos desensibilizados ante el dolor, el miedo, la rabia y el malestar del otro. Los terapeutas sabemos que no nos corresponde solucionar o quitar el malestar, pero nos esforzamos por ser acompañantes incondicionales para que el otro transite por su existencia adueñándose de lo que le corresponde y con la posibilidad de descartar lo que ya no le sirve. En terapia no damos consejos, la lectura de la vida de cada persona es única y desde su lugar las opciones son distintas, no hay forma de uniformar las experiencias. Cuando un proceso de terapia termina ambos, terapeuta y paciente se han transformado. No es una relación vertical donde la terapeuta entrega y el paciente recibe. Es un vínculo que transforma a ambos, pues nos deja lecciones profundas sobre la vida misma. Un terapeuta reconoce en cada persona que acompaña a un maestro, solo esa persona es experta en su historia y nos permite el privilegio de acompañarla. En fin, la terapia es un universo completo que cabe entre las paredes de un consultorio.