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Opinión

De Hubbard, Zuleta y la profesionalidad

Rafael Yesid Salas
Rafael Yesid Salas
Columnista
14 de febrero de 2024

Los docentes universitarios deben formar profesionales integrales, no solo transmitir conocimientos. La inteligencia emocional y el pensamiento crítico son cruciales para el éxito laboral, según expertos.

Por : Rafael Yesid Salas Pérez Los docentes universitarios tenemos la responsabilidad superior de formar profesionales aptos, para eso diseñamos planes de curso, construimos material de clase y fijamos objetivos de aprendizaje. Pero no solo se trata de embutirle a nuestros aprendices decenas de unidades de un libro guía que los lleven a odiarse a sí mismos por matricular nuestro curso. También debemos estimular en ellos habilidades blandas, como la inteligencia emocional y el pensamiento crítico, que moldeen su carácter y cimenten su profesionalidad. Lo anterior, aunque suene a cliché , se vuelve trascendental bajo el hecho de que todo nuestro esmero al enseñar pasará por el juicio inexorable del mercado laboral. Ese ecosistema salvaje que se equilibra por selección natural y que demanda de los egresados más que conocimiento teórico. En consonancia, se hace imperativa la cátedra inmersiva que conduzca a nuestros alumnos a comprender la laboralidad desde la academia. Suelo iniciar mis cursos de pregrado invitando a los estudiantes a leer dos piezas argumentativas que, a mi parecer, los preparan para su inserción en el mundo laboral. El primero es un artículo de opinión escrito por Elbert Hubbard, que mi primer jefe me hizo leer a rajatabla como bienvenida al cargo. El otro es un ensayo de Estanislao Zuleta, una osada reflexión que leí años después cuando tuve la experiencia necesaria para apreciar su gran valor pedagógico. Hubbard, en su mensaje a García, apunta directamente al carácter a través de la exaltación de la iniciativa en el cumplimiento del deber y el logro de resultados. Aunque el autor se torna severo en algunos pasajes, su diatriba permanece vigente a más de cien años de su publicación. La figura de Rowan sigue representando el arquetipo profesional que las empresas buscan contratar. Aunque hoy veamos con reparo algunas de las apreciaciones de Hubbard, en general remarcan habilidades necesarias para que los aprendices den sus primeros pasos hacia la emancipación exitosa de la tutela de sus padres. En su elogio de la dificultad, Zuleta presenta una visión cruda pero objetiva de la realidad humana, que impulsa a los universitarios a asumir con madurez la transición entre la adolescencia y la edad adulta. Su discurso es una crítica a la idealización de la felicidad y un ataque al facilismo con que tratamos de resolver nuestras dificultades cayendo en la trampa de la mediocridad. Zuleta es propicio, especialmente para los estudiantes de pregrado que por voluntad propia o por imposición paternal, dejan su zona de confort para aventurarse en la búsqueda del éxito. Los profesores de cátedra, en especial quienes vivimos entre el campus y la oficina, ejercemos una docencia sui generis al traer la experiencia y la práctica al aula de clases. Contribuimos en la transición del estudiante mediante su inmersión ex ante en problemas y situaciones simplificadas del mundo laboral; tal como una vacuna atenuada le enseña al cuerpo a defenderse. Hubbard y Zuleta parecen oportunos en el pregrado, al asociar la formación del carácter con el despertar profesional que le prosigue.