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Opinión

¿De dónde venimos y para dónde vamos?

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
4 de julio de 2026

Caminar puede ser una oportunidad para avanzar, también la alegría de vivir reconociendo otros sitios, momentos y personas. Camina el cuerpo, caminan los pensamientos y las ilusiones. Igualmente debe caminar el espíritu que nos infunde vida. Unidos en un mismo ser cada parte nuestra debe desarrollarse y evolucionar.

Caminar puede ser una oportunidad para avanzar, también la alegría de vivir reconociendo otros sitios, momentos y personas. Camina el cuerpo, caminan los pensamientos y las ilusiones. Igualmente debe caminar el espíritu que nos infunde vida. Unidos en un mismo ser cada parte nuestra debe desarrollarse y evolucionar. La humanidad ha recorrido diferentes etapas, y la que precede debe ser mejor que las anteriores. No puede ser que nos quedemos enganchados a errores del pasado que bastantes daños hicieron. No es lo mismo la política de hoy a la del pasado, autoritaria y oportunista. Tampoco la educación, que se caracterizó por ser excluyente, dogmática e inflexible. Muchas cosas han ido cambiando para bien. Lo lamentable en este proceso de cambio ha sido el deterioro de lo esencial: la familia. Las miradas de una existencia cómoda y sin compromiso, desestabilizaron las bases de la sociedad. No hogar, no descendencia, no estructura firme, no esfuerzos mancomunados. La familia también ha debido fortalecerse. Hoy más que nunca hemos entendido nuevos mecanismos en el interactuar entre padres e hijos, entre adultos y menores, entre parejas, ... ¿Cuándo pusimos una visera en los ojos, que impide mirar al que está a nuestro lado con respeto, consideración y compasión? No se sueña en grande en los temas simples: compartir, sonreír, aunar esfuerzos, iniciar por lo básico, formar hijos que se amen y amen a los demás. Las palabras solidaridad, apoyo y servicio en los hogares pasaron a un segundo plano. Soledad acompañados, muchos en un mismo espacio, pero cada uno en su mundo. No estamos educando para ganar o perder, solo para ganar. El aprendizaje se obtiene perdiendo o ganando. No le damos margen al error como maestro. Me dijeron que no me puedo equivocar. Hoy las personas se frustran o se suicidan si no lo logran. Olvidamos que caerse es la lección para no volver a hacerlo, para observar más, para descubrir nuevas posibilidades. Sacamos a Dios del hogar. Muchos niños y jóvenes ignoran la existencia y la presencia del mundo espiritual. La peor soledad del ser humano es aquella que ignora de dónde venimos y para dónde vamos.