De derecha a izquierda y viceversa
Francia y Reino Unido experimentan cambios políticos significativos. Elecciones parlamentarias marcan un giro: Francia vira a la extrema derecha y Reino Unido, al centroizquierda, redefiniendo su futuro.
Por Rafael Yesid Salas Se están presentando cambios importantes en la política europea, especialmente en los gobiernos de países clave como Francia y Reino Unido. En ambos las elecciones parlamentarias han arrojado victorias que marcan nuevas orientaciones gubernamentales por transiciones en el espectro político. Mientras en Francia se pasó de centroizquierda a ultraderecha, en Reino Unido migraron de derecha a centroizquierda. Francia, que desde hace 12 años es gobernada por movimientos de centroizquierda con presidentes como François Hollande y Emmanuel Macron, el pasado 30 de junio vio como la extrema derecha de Marine Le Pen y su partido RN (Rassemblement National) consiguió una histórica victoria en la primera vuelta de las elecciones parlamentarias. La segunda vuelta tendrá lugar este 7 de julio. Por otro lado, en Reino Unido, el partido de derecha de los Tories (Conservative and Unionist Party) que ha gobernado consecutivamente desde 2010 con líderes como David Cameron, Theresa May, Boris Johnson y recientemente Rishi Sunak, fue derrotado el 4 de julio por su eterno rival, el partido laborista, perfilando a Keir Starmer como primer ministro. Así las cosas, es inevitable prever cambios importantes no solo en la dirección de sus respectivos gobiernos sino también en sus relaciones diplomáticas. El RN francés se caracteriza por su apoyo abierto a Ucrania e Israel y a una “alianza europea de naciones”. El partido laborista británico promueve mejorar las relaciones del país con la Unión Europea, de la que salió en 2020. En cuanto a los conflictos en Gaza y Ucrania, se espera que persiga un alto al fuego por medio del diálogo. Importantes enseñanzas nos dejan los resultados electorales de dos de las “democracias” más antiguas del mundo, entre ellas que los ciclos de cambio no solo son necesarios sino inevitables y la política es proclive a ellos. Tal como alguna vez invocó Ortega y Gasset, son las circunstancias las que definen el curso de las decisiones individuales y colectivas. Por eso, no son buenos los extremismos ideológicos, porque lo que es pertinente hoy puede perjudicar mañana. Por ejemplo, aún recuerdo mis clases de economía internacional y sus teorías sobre integración económica, fuertemente promovidas por el academicismo neoliberal de los ochenta y noventa. Pero ¡vaya sorpresa! cuando el Reino Unido, precursor de la economía neoclásica, resolvió impulsar el Brexit en 2020 ¿Por qué? porque al entender de muchos británicos: “ya no les funcionaba la liberalización”. Mientras tanto, en nuestros países emergentes, adoptamos dogmáticamente todas esas teorías. Atreverse a desafiarlas es “pecado capital”.