
De canchas a semilleros

En Sucre y la región Caribe se han construido, rehabilitado o proyectado decenas de escenarios deportivos: estadios, coliseos, canchas múltiples y espacios comunitarios que, más allá de su valor físico...
Por Manuel Andrés Cadrazco En Sucre y la región Caribe se han construido, rehabilitado o proyectado decenas de escenarios deportivos: estadios, coliseos, canchas múltiples y espacios comunitarios que, más allá de su valor físico, representan una oportunidad estratégica para transformar el deporte en política pública territorial. No se trata solo de tener infraestructura, sino de activar su uso como herramienta de formación, inclusión y desarrollo local. Muchos de estos escenarios permanecen subutilizados, sin programación regular ni articulación con procesos formativos. Para eso debe existir una propuesta: convertirlos en centros de campamentos deportivos periódicos, dirigidos a niños, jóvenes y futuras promesas, con enfoque municipal y participación comunitaria. Estos campamentos deben incluir formación técnica en disciplinas como béisbol, fútbol, atletismo y boxeo, pero también en valores, liderazgo, nutrición y salud mental. No basta con entrenar; hay que formar integralmente. Para lograrlo, se requiere una política pública que articule esfuerzos entre alcaldías, gobernaciones, instituciones educativas y el Ministerio del Deporte. La primera acción debe ser un mapeo detallado de los escenarios disponibles, con información sobre su estado, capacidad y ubicación. La segunda acción es establecer ciclos formativos, con entrenadores, acompañamiento psicosocial y torneos locales que alimenten ligas regionales. Estos ciclos deben ser gratuitos, con cupos reservados para zonas rurales y poblaciones vulnerables. La tercera acción es crear mecanismos transparentes para identificar talentos deportivos desde edades tempranas, con seguimiento técnico, pasantías en clubes y acceso a becas de formación. Además, se deben generar incentivos para que el sector privado participe mediante patrocinios, aportes logísticos o donaciones, con beneficios tributarios claros. La sostenibilidad de estos procesos depende de alianzas interinstitucionales y de una ciudadanía que vea en el deporte una vía real de desarrollo. Cada proceso debe dejar huella. Aunque no se cuente con sistemas sofisticados, es posible establecer mecanismos sencillos de seguimiento: registros comunitarios, actas de participación, bitácoras de entrenadores y reportes periódicos que permitan saber cuántos jóvenes se vinculan, cuántos continúan y qué logros se alcanzan. Estos datos, por mínimos que sean, deben ser públicos, útiles y accesibles, para que el deporte no se mida solo en medallas, sino en permanencia, inclusión y transformación territorial. Sucre y el Caribe tienen el talento, la infraestructura y la vocación deportiva. Los torneos en procesos formativos y los escenarios en motores de equidad territorial. El deporte bien gestionado no es gasto: es inversión en futuro.