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Opinión

Davos 2026

Bibiana María Guerra de los Ríos
Bibiana María Guerra de los Ríos
Columnista
25 de enero de 2026

El Foro Económico Mundial volvió a reunir en Davos a presidentes, ministros, banqueros y grandes empresas en un entorno en el que el mundo atraviesa una reconfiguración profunda del poder global.

Por Bibiana María Guerra de los Ríos El Foro Económico Mundial volvió a reunir en Davos a presidentes, ministros, banqueros y grandes empresas en un entorno en el que el mundo atraviesa una reconfiguración profunda del poder global. Más que consensos, lo que quedó claro fue la fragmentación. El lenguaje de la cooperación y el multilateralismo convive, cada vez con más dificultad, con un discurso de fuerza, intereses y competencia abierta por recursos, mercados y control geopolítico. Estados Unidos volvió a ocupar el centro del escenario, no solo por su peso económico, sino por el tono con el que reafirma su liderazgo. La señal del Presidente Donald Trump es clara: menos reglas compartidas y más decisiones unilaterales. El uso de aranceles como herramienta política, la presión directa sobre aliados tradicionales y la lectura estratégica de territorios y recursos refuerzan la idea de un mundo donde el poder se ejerce sin demasiados filtros institucionales. No se trata de un retiro de Estados Unidos del sistema internacional, sino de una redefinición de las reglas bajo sus propios términos. Europa, por su parte, parece debatirse entre la defensa de un orden basado en normas y la necesidad de adaptarse a una lógica más dura. Los llamados a proteger la democracia, la sostenibilidad y la cooperación siguen presentes, pero pierden fuerza frente a la urgencia económica, la presión energética y la competencia tecnológica. Las potencias medias como Canadá y Australia leen este momento como una ruptura más que como una transición. En este contexto, América Latina aparece menos como protagonista y más como territorio en disputa. Venezuela fue mencionada como un caso crítico donde la geopolítica, la energía y la inestabilidad institucional se cruzan sin una hoja de ruta clara de largo plazo. La región vuelve a ser observada desde fuera como patio trasero y espacio de influencia, más que como bloque con voz propia. Y ese es uno de los grandes riesgos. Para países de desarrollo medio como Colombia, el mensaje de Davos es incómodo pero necesario. El margen de maniobra existe, pero es limitado y exige mayor estrategia. En un mundo más fragmentado, depender de un solo socio o de una sola agenda externa resulta cada vez más riesgoso. La política exterior deja de ser un ejercicio retórico y se convierte en una herramienta clave para proteger intereses económicos, atraer inversión, garantizar estabilidad y posicionarse en un mundo que hoy se está reconfigurando. En ese sentido, Colombia enfrenta el desafío de moverse entre grandes potencias sin diluir su soberanía ni aislarse. Seguridad, transición energética, comercio, migración y estabilidad regional ya no pueden abordarse de forma fragmentada. En este nuevo orden, los países que logren articular una visión clara de desarrollo, con instituciones sólidas, reglas claras y capacidad de diálogo, tendrán más opciones de navegar la incertidumbre. Davos dejó claro que el mundo ya no funciona sobre certezas compartidas. Para países como el nuestro, el reto no es elegir bando, sino construir autonomía, leer bien el contexto y tomar decisiones estratégicas en un escenario donde el poder volvió a hablar en voz alta. ¡Ojo con las elecciones que vienen este año!