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Opinión

Cuatro condiciones

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
17 de noviembre de 2024

Para vivir como hijos de Dios, la primera epístola de San Juan exige romper con el pecado, guardar los mandamientos, evitar las tentaciones del mundo y cuidarse de los anticristos.

Por Selma Samur de Heenan En la primera epístola de San Juan, se nos muestra que caminar en la luz y vivir como hijos de Dios, requiere el cumplimiento de algunas exigencias divinas. La primera es romper con el pecado, para lo cual es indispensable reconocernos pecadores, saber que hemos fallado y por ende pasar al arrepentimiento que nos debe llevar al ánimo de enmienda y de reparación. Quien diga que no es pecador, se miente perjudicándose en gran medida, porque se negará a sí mismo la posibilidad de recibir el perdón de Dios y el restablecimiento de la gracia santificante. La segunda es guardar los mandamientos, haciendo todo lo que nos ha prescrito como verdadero y bueno. También se engaña aquella persona que dice estar con Dios pero sin procurar obedecerle, desconociendo que es en el acatamiento a sus leyes, en lo que se basa la efectiva cercanía con ÉL. La tercera es guardarse del mundo y sus grandes trampas, porque estas nos hacen caer en las tentaciones y nos alejan del camino hacia la meta. Siguiendo la dictadura del mundo es como hemos cambiado la manera de relacionarnos con Dios, mediante una tibia mención de su existencia. Y, por no ponernos a salvo de este peligro, padecemos las consecuencias en carne propia. La cuarta es cuidarse de los anticristos que a través de la historia de la humanidad han ido apareciendo. Él apóstol los reconoce de esta manera: “Salieron de entre nosotros, aunque no eran de los nuestros. Pues si hubiesen sido de los nuestros habrían permanecido con nosotros… ¿Quién es él mentiroso sino el que niega que Jesús es Cristo? Ese es precisamente el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” Todos deberíamos hacer un alto, y revisar si estamos cumpliendo con estas cuatro condiciones que nos permiten caminar en la luz bajo el amparo de Dios. Es usual que cuando necesariamente sufrimos las consecuencias de nuestra desobediencia, no encontremos en ella la justa causa de esos padecimientos. Al sentir desolación, soledad, depresión o angustia buscamos soluciones médicas, pero no espirituales, porque desconocemos que lo primero que sucede en un corazón lejano de Dios, es precisamente el entristecimiento y la sensación de la sinrazón. Bien lo enseña Jesús: busquemos el reino de Dios y su justicia, y todo nos llegará por añadidura.