
Cuatreros recargados gremio ganadero en crisis

En la última semana, el departamento de Sucre ha sido sacudido por una preocupante ola de violencia rural. Cuatro fincas, entre ellas “Pacorano”,
Por Silverio Jose Herrera Caraballo. En la última semana, el departamento de Sucre ha sido sacudido por una preocupante ola de violencia rural. Cuatro fincas, entre ellas “Pacorano”, “El Raicero”, entre otras, ubicadas en la vía que conecta Sincé con Betulia, fueron asaltadas la misma noche por bandas organizadas de cuatreros. Estos delincuentes, armados y decididos, ejecutaron los robos de manera simultánea, con una frialdad que demuestra planeación y logística. No se trató de un hecho aislado, sino de una operación criminal que refleja el estado de vulnerabilidad en que se encuentra el sector ganadero del departamento. Tras un breve periodo de aparente calma, los delincuentes regresaron “recargados”, como afirman los mismos ganaderos afectados. El caso reciente ocurrido en Caimito, donde fueron hurtadas 46 reses, aunque en su mayoría recuperadas posteriormente, no deja de ser alarmante. El hecho de que podamos “aliviar” la noticia porque se logró la recuperación parcial del ganado, no debería hacernos perder de vista lo esencial: esto no debe suceder. Si normalizamos estas acciones, estaremos aceptando la degradación de nuestra seguridad rural. La frecuencia con la que se presentan estos robos, muchas veces bajo la misma modalidad (un solo día, un solo predio, grandes cantidades), exige una intervención decidida y estructural. Los ganaderos sienten que, mientras ellos deben cumplir estrictamente con las normas de movilización animal y enfrentan obstáculos burocráticos cada vez que trasladan ganado entre fincas o hacia subastas, los delincuentes pueden mover animales robados sin mayor dificultad. La queja no es infundada. Las fallas en el sistema de licencias del ICA, que permiten filtraciones y la circulación irregular del ganado, se convierten en una herramienta más para los abigeos. La paradoja es tan absurda como dolorosa: el productor honesto es controlado; el criminal, no. Meses atrás, en una columna titulada “¡Abducidas!”, ironizaba sobre cómo el ganado robado parecía desaparecer sin dejar rastro. Hoy, tras ver cómo reses hurtadas en Sucre han sido recuperadas en departamentos como Cesar o La Guajira, casi dan ganas de hablar de “teletransportación”. ¿Cómo logran movilizarse así, sin ser detectados? No es una crítica destructiva la que quiero plantear, sino una solicitud legítima que los ganaderos hacen llegar a las autoridades administrativas, militares y policiales. Necesitamos respuestas, pero sobre todo, acciones concretas y sostenidas. La situación vivida la semana pasada en la vía Sincé - Betulia, con fincas vecinas asaltadas por bandas armadas, no puede tomarse a la ligera. ¿Vamos a esperar que estos hechos deriven en asesinatos o secuestros para actuar con contundencia? Los recursos existen. Fondos provenientes de los Planes Integrales de Seguridad y Convivencia Ciudadana (PICS) y de la Ley 418 están destinados precisamente para prevenir y enfrentar estas amenazas. Exigimos que sean bien utilizados, en tecnología moderna como drones, cámaras, botones de pánico, y, sobre todo, en presencia efectiva de la fuerza pública en el territorio rural. No estamos hablando solo de ganado. Lo que está en juego es la seguridad alimentaria, la estabilidad de miles de familias y la confianza en el Estado. Las pérdidas por abigeato no son solo económicas; son también simbólicas. Duelen en la moral del productor, minan la esperanza del campo y generan una peligrosa percepción de abandono. Confiamos en nuestras autoridades, pero la percepción de inacción se hace cada vez más fuerte. Hoy más que nunca es urgente cerrar filas contra el abigeato y el carneo. Porque si no se actúa ahora, mañana será tarde. Y entonces, no solo habremos perdido ganado, habremos perdido la batalla por el campo. Casos como los sucedidos en sucre el año pasado en Galeras, San Marcos, y en Chinú, Córdoba, donde la cantidad mínima hurtada fue de 28 en cada caso, nos hace replantear el tema del sistema de transporte ganadero y los controles por parte de las autoridades. En estos casos referenciados los ganados fueron cargados en camiones, en embarcaderos clandestinos y/o sin permisos y como el caso de el que fue recuperado en la Guajira: como explican cómo llego hasta allá. Dejo la inquietud, no es a mí a quien corresponde investigar.