
Cuando hablamos de las parejas en psicoterapia

La terapia revela patrones en las relaciones de pareja. Descubre reflexiones clave sobre la soledad, evitar problemas y la evolución del amor, para una vivencia auténtica.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante Ocurre con cierta frecuencia que por pura sincronía empiezan a llegar a terapia temas similares, desde las ópticas y vivencias de distintas personas. En este caso, hace varias semanas hablar de la vida en pareja ha aparecido como un tema común. Las reflexiones con mis pacientes nos han llevado en diversas direcciones. Hoy comparto algunas de ellas: *La pareja no es una distracción de la soledad - Estar en pareja o decidir tener una no elimina los espacios de soledad y de encuentro conmigo. Cuando la vida en pareja, el acompañarse de otro, se convierte en una excusa para dejar de atendernos, de observarnos o de mirarnos, estamos usando la relación como disculpa para evitar ver lo que somos. Los espacios de soledad, de silencio, de compañía silenciosa, de disfrute de actividades distintas, no solo son recomendables sino necesarios. La vida en pareja no elimina la responsabilidad de hacernos cargo de nosotros mismos. *Las relaciones de pareja no son un problema por resolver - ¿cómo comunicarnos? ¿Cómo ser empáticos? ¿Cómo no tener expectativas? ¿Cómo amar sin depender? ¿Cómo no estar ansiosa si no nos vemos? ¿Cómo manejo los celos? ¿Cómo puedo confiar en esa persona? ¿Cómo puedo expresar lo que verdaderamente siento? En un sinfín de preguntas se pierde y desdibuja el vínculo. Nos dedicamos a rumiar las respuestas en vez de estar allí, con el otro, percibiendo cómo voy sintiéndome a cada momento. La necesidad de “corrección” acapara los encuentros y terminamos distraídos y ensimismados, con lo cual la conexión se pierde. En el afán de “querer bien” se pierde el encuentro y terminamos alineados con las ideas y no con la persona que tenemos al frente. La vida en pareja no es un problema por resolver, es una experiencia a vivir con autenticidad. *Las relaciones van cambiando con el tiempo – “Ya no siento la misma pasión de antes”, “ya no nos deseamos como antes”, “ya no tengo ese afán de verlo a toda hora” … etc. Existe la expectativa de que el amor es afanoso y angustioso, todo el tiempo apasionado y vivido a revoluciones, con mariposas en el estómago y la urgencia de ver y sentir a la otra persona. Entonces, cuando el amor madura, cuando muta a una experiencia de encuentro más tranquila, terminamos sintiendo que el amor se está perdiendo. Entendemos la calma del amor maduro como la pérdida del amor, lo que nos lleva a querer buscar emociones fuertes de manera permanente sin permitirnos la profundidad del encuentro maduro y auténtico, donde ya no se tiene que demostrar nada al otro sino simplemente ser en compañía del otro. Las reflexiones en torno a la vida en pareja siempre confrontan nuestras creencias e historia personal. En terapia lo miramos con transparencia, con calma, pero con contundencia, para comprendernos en el vínculo y sabernos presentes junto con el otro, no para el otro.