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Opinión

Cristianos o paganos

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
23 de febrero de 2025

El paganismo resurgió, pero no con ídolos, sino en la mentalidad. Adoración al placer, relativización de la verdad: ¿vivimos un cristianismo disfrazado? Analizamos la incoherencia y la necesidad de actuar la fe.

Por: Selma Samur de Heenan El paganismo antiguo, con su adoración a múltiples dioses y supersticiones, no ha desaparecido; simplemente ha cambiado de forma. Su esencia sigue viva: exalta el placer, relativiza la verdad y antepone las pasiones humanas al Creador. Hoy, muchos que se identifican como seguidores de Cristo, en la práctica, han adoptado creencias y hábitos contrarios a la fe. La pregunta es inevitable: ¿somos verdaderos discípulos de Jesús o vivimos un paganismo disfrazado de religión? Ser cristiano es un compromiso con la verdad y el camino de nuestro Maestro. Sin embargo, la contradicción es cada vez más evidente: personas que llevan una cruz en el cuello, pero practican yoga sin cuestionar o reconocer que, con sus mantras, invocan a otros dioses; bautizados que asisten a la Parroquia en fechas importantes, pero el resto del año buscan protección en amuletos y prácticas esotéricas, y en lugar de confiar en el Señor, recurren al ocultismo, asegurando que esto no perjudicará su vida espiritual. El nuevo paganismo no se presenta con ídolos de piedra, sino con una mentalidad que glorifica el pecado. Se refleja en la música que normaliza la lujuria, la infidelidad y la violencia; en la forma de hablar, donde la vulgaridad se disfraza de humor, y en la actitud con la que muchos narran sus faltas con descaro, sin arrepentimiento. Más preocupante aún es la ignorancia sobre la Palabra Divina. Para muchos, la fe no está basada en el Evangelio, sino en tradiciones transmitidas sin comprensión. No leen las Escrituras ni conocen la enseñanza sagrada y, lo más grave, no creen en la eternidad. Viven como si la existencia actual fuera lo único que hay, sin entender que lo que hacemos aquí tiene consecuencias definitivas. La incoherencia se ha vuelto norma: se indignan por la corrupción, pero no aplican las normas morales; claman por justicia, pero ignoran la ley de Dios; piden paz, pero no oran ni buscan al Señor; se lamentan por la crisis del mundo, pero siguen modelos de vida que exaltan el materialismo y la autosuficiencia. No basta con decir: "Dios sabe cómo soy" o "Él me entiende", como si eso justificara ignorar su voluntad. Seguir a Jesús no es solo un sentimiento, sino una decisión que debe reflejarse en cada aspecto de nuestra existencia. Además de auto denominarnos cristianos, es hora de demostrarlo con nuestras acciones.