
Cristiano o ateo

La mayoría de las personas en Colombia se auto perciben como cristianas, ya sean católicas o protestantes, pero su manera de hablar, de razonar y de tomar decisiones no refleja la fe que dicen profesar, porque las enseñanzas de Jesús no son el criterio que orienta a sus pensamientos y sus acciones.
La mayoría de las personas en Colombia se auto perciben como cristianas, ya sean católicas o protestantes, pero su manera de hablar, de razonar y de tomar decisiones no refleja la fe que dicen profesar, porque las enseñanzas de Jesús no son el criterio que orienta a sus pensamientos y sus acciones. Ser cristiano es conocer a Cristo y seguirlo, asumiendo su manera de mirar la vida, sus exigencias y advertencias en todas las esferas de nuestra existencia, tanto en la privada como en la pública. Por eso, elegir a quienes gobernarán o legislarán en nuestro país no es un acto neutro. Es una decisión moral. No basta con que un candidato se declare creyente si, llegado el momento, evita pronunciarse con claridad sobre los principios que esa convicción exige. La tibieza, el silencio calculado y la neutralidad frente a males evidentes también son formas de negación. Cuando quien representa a una sociedad relativiza la vida humana, diluye la verdad sobre la familia o se muestra incapaz de sostener públicamente lo que dice creer, termina avalando aquello que daña a los más vulnerables. Es cierto que el ejercicio del poder no es sencillo y que muchas veces se actúa dentro de marcos legales que, en la esfera privada, serían inaceptables, como ocurre, por ejemplo, con la participación en una guerra. Pero incluso en escenarios complejos como ese, siempre se debe buscar el mal menor, cuidando la nobleza de la intención y procurando no cruzar las líneas morales y constitucionales que deben respetarse. Resulta imposible hablar de una coherencia auténtica con el Evangelio y querer participar en proyectos políticos que nacen del materialismo, del ateísmo práctico y de la negación de la dignidad trascendente del ser humano. El comunismo, en su raíz ideológica, excluye a Dios, subordina la persona al poder y reduce al individuo a una marioneta del sistema. Eso es incompatible con una visión que pone al Señor en el centro y reconoce a cada persona como creada, libre y responsable ante Él. Al final, la diferencia entre creer en Dios o no hacerlo se nota en lo que se dice, en el fundamento con el que se vive y se afrontan los asuntos cotidianos. También cuando se vota por alguien para que nos represente, debemos comportarnos como cristianos y no como ateos.