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Opinión

Control (II)

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
1 de julio de 2023

La búsqueda de control ante la incertidumbre es inútil. Aceptar lo desconocido abre un espacio para el crecimiento personal, descubriendo el sentido de la vida en la autenticidad.

Por: Olga Leonor Hernández Bustamante La necesidad de control como contrapeso a la incertidumbre se convierte poco a poco en un enorme nudo. Una atadura tras otra se va incorporando, buscando poder mantener a raya la intensidad de la vida y sus experiencias, buscando controlarlo todo de forma estricta para evitar que nos sobrepase. Al final, la realidad se impone con sus aristas y variabilidades y el intento de retener el flujo de la realidad para que no nos abrume se termina convirtiendo en un recipiente hueco: el líquido se escapa a nuestro pesar. He escuchado recientemente la idea de que es necesario abrazar la incertidumbre. Abrazarla como una manera de decir que hay que aceptar su inevitable presencia en nuestras vidas. Ahora, no es solo que con ese abrazo la incertidumbre se disuelva. Es necesario reconocernos frente a ella: ¿Qué pensamientos llegan a mí cuando miro de frente la incertidumbre? ¿Qué sensaciones me genera este modo de reconocer la realidad? ¿Qué cosas hago o dejo de hacer cuando estoy ante situaciones que no logro controlar? ¿Qué tanta apertura tengo ante la experiencia? ¿Tengo la disposición a asumir lo que venga? ¿Confío en que cuento con las herramientas para hacerme cargo de esta experiencia? ¿Siento que cuento con los vínculos adecuados para acompañarme en estos momentos? Muchos elementos salen a flote cuando estamos frente a momentos donde no tenemos el control, donde la realidad domina la escena, donde la incertidumbre asume el protagonismo. A la vida corresponde mirarla, con los ojos abiertos y el corazón dispuesto. La opción de solo sentirnos a gusto cuando tenemos el manejo de todas las variables nos condena a una vida estéril, sin ninguna sorpresa, sin el regusto de cuando se logra algo con esfuerzo, sin la calma que viene cuando se comprende el sentido de haber renunciado a algo. La incertidumbre no es ausencia de sentido; es, por el contrario, el lugar donde habitan las preguntas que nos orientan hacia aquello que valoramos como importante para nosotros. El sentido no está dado por poder predecir todo lo que va a sucedernos a cada momento y anticipar nuestra reacción, sino por la posibilidad de encontrar nuestra esencia y potencia frente a la diversidad de circunstancias que afrontamos. En una vida llena de sentido tiene asiento también la incertidumbre y por ende la aceptación de que no es posible tenerlo todo bajo control. Debajo de las dudas se encuentran siempre las respuestas; es por esto que muchos autores han definido que el sentido de la vida no se construye, se descubre.