
Control

Explora el intento de controlarlo todo y su antónimo. Más allá del control, se encuentra la aceptación: de las emociones, del ritmo de la vida y de la incertidumbre.
Por: Olga Leonor Hernández Bustamante ¿Qué hay al otro lado del intento de controlarlo todo? La respuesta rápida a la que la mayoría llegamos sin tanta reflexión es buscar el antónimo. Del otro lado del control, pensamos está evitando el descontrol, el desorden, el caos. Buscamos controlar las cosas procurando poner en orden, muchas veces a la fuerza, aquello que querríamos que fuera distinto. En algunas personas aparece la intención de “controlar” sus emociones. Esto, en palabras honestas, la mayoría de las veces quiere decir que se desea mantener la compostura ante una situación que normalmente nos pondría en crisis. Vernos imperturbables ante los demás, manteniendo la tormenta emocional dentro. Al final de cuentas, la idea de controlar la emoción no es más que la intención de reaccionar sin reacción, para evitar lo que puede pasar si nos permitimos sentir, auténticamente, lo que nos pasa en una situación concreta. Para otras personas, aparece la intención de “controlar” alguna situación en un contexto, por ejemplo, laboral. Esto significa anticiparse a lo que pasa, prever el éxito o no de las elecciones, hacer lectura del impacto de lo que va pasando a medida que avanzan los procesos, direccionar en un marco preestablecido las reacciones de los demás. Al final de cuentas, ejercer control en este escenario no es nada distinto al hecho de querer evitar sorpresas, situaciones que nos tomen desprevenidos, es el temor de no caer en espacios que superen nuestras posibilidades. He ahí la clave: No le estamos huyendo al desorden, le huimos a la incertidumbre. A que pasen cosas que no teníamos planeadas o programadas, a no saber si tendremos la capacidad de afrontar lo que se nos viene encima. Le hacemos el quite a tener que afrontar y hacernos cargo de cosas que no conocemos. El opuesto al control no es el descontrol “todo al garete” diría una paciente, es la aceptación de nosotros mismos, de los demás, del ritmo de la vida y de las cosas. Nada como el cansancio de quien intenta mantener a raya aquello que sucede, anticipándose a que el futuro sea, exclusivamente, como desea que sea o como le gustaría que fuera. Al otro lado del control está nuestra decisión de abrir las manos a la situación que nos rodea, la mirada abierta a lo que nos está sucediendo, a las consecuencias de nuestras decisiones o indecisiones. Es abrir el corazón a las emociones que puedan surgir, a las reacciones y decisiones de los demás, así no sean las que nosotros desearíamos. Es la aceptación de la vida misma y sus circunstancias.