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Opinión

¿Contradicción?

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
28 de junio de 2026

A muchos les ha sorprendido que Abelardo De La Espriella haya incorporado a Carlos Alonso Lucio a su comité de empalme presentándolo como una contradicción, cuando, realmente, es exactamente todo lo contrario.

A muchos les ha sorprendido que Abelardo De La Espriella haya incorporado a Carlos Alonso Lucio a su comité de empalme presentándolo como una contradicción, cuando, realmente, es exactamente todo lo contrario. Carlos Alonso Lucio lleva muchos años dejando claro con su trayectoria, sus escritos y sus posiciones públicas, que ya no es aquel que en su juventud perteneció al M-19. Su evolución no comenzó recientemente ni es producto de la conveniencia política. Ha sido un proceso de cara al país, coherente y sostenido que se viene reflejando en su programa de opinión ‘Cívicos Live’. Sin necesidad de borrar la historia ni de justificar los errores que se cometieron, es importante reconocer que la conversión, la reparación y la transformación de una vida, sí existen y se evidencia con los buenos frutos imposibles de ignorar. Una de las razones por las que el aporte de Lucio, tanto a la campaña como al Gobierno, resulta valioso, es su directo conocimiento del mundo subversivo y la comprensión del mismo, porque esa experiencia, acompañada de una auténtica rectificación de pensamiento y conducta, se convierte en un capital invaluable al servicio de la Nación. Lo verdaderamente incoherente es que quienes llevaron a Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá y a la Presidencia de la República, e hicieron lo posible para mantener en el poder a su heredero, hoy pretendan descalificar a Carlos Alonso Lucio por una etapa de su vida que dejó atrás hace muchos años, frente a la cual ha dado suficientes pruebas de una profunda transformación política y personal. La decisión de Abelardo habla bien de él. Revela a un hombre que sabe reconocer el valor de las personas por lo que son hoy, sin desconocer su historia, pero sin condenarlas para siempre. Apoyarse en quien abraza convicciones distintas a las erradas de antaño, es una confirmación de las buenas intenciones con que conformará su equipo de trabajo y de la veracidad de su discurso. Gobernar para todos también significa resaltar el mérito actual de las personas sin sectarismos ni prejuicios. Esa, lejos de ser una contradicción, me parece una muestra de la extrema coherencia que acompaña al presidente electo. “De modo que, si alguno está en Cristo, es una nueva criatura; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5,17