Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Contradicción

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
29 de marzo de 2025

La lucha interna entre deseos y acciones: anhelar compañía pero aislarse, buscar amor sin permitirse la vulnerabilidad, o querer ser valorado mientras te autocastigas. ¿Te identificas?

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Querer tener compañía, pero alejarme y esconderme alimentando la imagen fantasiosa de que alguien me busca y me invita a salir de donde estoy. Querer ser escuchado, pero no decir nada porque las personas no me generan la suficiente confianza como para hablar. Querer descansar, pero necesitar tener todas las cosas bajo control, sin soltar ni ceder un poco el manejo de cada detalle porque vivo convencida de que nadie lo va a hacer por mi y que nadie lo haría mejor que yo. Querer estar en silencio, pero darle vueltas una y otra vez a las cosas en la cabeza, creyendo que si la observo y comprendo cada elemento voy a tener claridad y por ende un poco de paz. Querer que mis hijos me amen y me respeten, pero pedirlo con rabia y dolor, llenando de reclamos cada momento, mostrando lo distantes que son y lo injusto que es que te traten así después de todos los sacrificios que has hecho para criarlos. Querer que mis opiniones sean respetadas y valoradas, pero hacerlo a tal punto de no escuchar las opiniones de los otros o considerar que si no piensan igual que yo no me tienen en cuenta y me están condenando al ostracismo. Querer alejarme de las personas que me hacen daño, pero dedicarme a reunir motivos y justificaciones para poder hacerlo con certezas, condenándome así a años y años de malestar, discusiones e incomodidad. Querer una relación de pareja amorosa, pero esconderme en el dolor de heridas de relaciones pasadas, regodeándome en el lugar de la persona engañada y protegiéndome a toda costa de la posibilidad de sentirme vulnerable. Querer pertenecer, sentirme que estoy en familia, en grupo, que me valoran y me quieren por lo que soy, pero comprar afecto a punta de regalos, instrumentalizando los vínculos para calmar el miedo a no ser importante y a no ser suficiente para los demás. Querer ser valorado por lo que soy, pero dedicarme todo el tiempo a analizar y castigarme por mis defectos, por lo que no hago, por lo que no digo, por mis supuestas debilidades. Querer contacto físico, un abrazo que me haga sentir acogido, pero dejarme ganar por el miedo a que los demás no me comprendan realmente y alejarme en silencio y con el corazón cargado. Querer salvar a todo el mundo como estrategia para silenciar las voces que me dicen que no soy nadie, exponiéndome al desgaste y el cansancio, a poner todo mi valor en los méritos acumulados y quedando cada vez más vacía. Querer vivir plena y auténticamente, pero observando y comparándome todo el tiempo con el modo de ser de los demás. Querer vivir con libertad, y saltar de un lugar a otro, de una pareja a otra, de una ciudad a otra, condenándome a una vida sin vínculos ni afectos verdaderos. ¿Cuál es tu contradicción?