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Opinión

Contaminación acústica

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
9 de junio de 2023

El ruido, omnipresente en la vida moderna, impacta nuestra salud y bienestar. Desde los sonidos urbanos hasta los interiores, el exceso de ruido afecta el sueño, el estrés y la calidad de vida.

Por Samuel Morales Turizo El ruido siempre ha estado presente en la vida de los seres humanos. Actualmente, pasamos el 90 por ciento del tiempo en espacios interiores. Hasta la Revolución Industrial y la invención de la iluminación artificial, el trabajo se llevaba a cabo en espacios exteriores. Hasta principios del siglo XIX, los relinchos de los caballos y el sonido de los cascos en los adoquines, mezclándose con los gritos de los mercaderes de la ciudad, el repique de las campanas de las iglesias o los graznidos o chillidos de los animales en el campo no se percibían como sonidos agresivos. En la mitad del siglo XIX, los nuevos sonidos de martillos hidráulicos o de la televisión de los vecinos eran molestos. Se le suman los ruidos que causan graves enfermedades a los moradores de cualquier sector. Por ejemplo: la música alta en un bar (ruido físico), las vibraciones en una obra de construcción, las molestias de ruidos de camiones, trenes, aviones, sirenas de las ambulancias, afectando a los adultos mayores y niños en su tranquilidad para dormir. Incluyendo un menor rendimiento laboral y escolar. A finales del siglo XIX el ruido marcó un punto de transición. La ciudad cambió junto con sus sonidos. Los periódicos reemplazaron a los antiguos pregoneros, los mataderos abandonaron los centros urbanos y las ciudades se remodelaron, disolviendo y normativizando el ruido. El escritor estadounidense George Foy, autor de Zero Decibels, se fue de Nueva York buscando el silencio absoluto. Al fin lo encontró en una sala totalmente sorda, donde no pudo estar más de una hora: “No hay nadie que dese el silencio absoluto”. El exceso de ruido en la noche puede alterar la tensión arterial, la frecuencia cardíaca y el estrés, desvelarnos, volvernos irritables, iracundo, no dejarnos dormir bien, por lo que al día siguiente nos levantamos cansados y molestos esto se vuelve un círculo vicioso. No se trata de aislarse del mundo, solo basta con moderar todos los ruidos que podamos transmitir ya sea por vía directa o indirecta, haciendo nuestro entorno llevadero, ¿cómo? hablando en voz baja, moderar el volumen de los radios, equipos de sonidos, haciendo extensiva esta invitación a sus familiares, amigos, vecinos, hoy que tanto se habla de cultura ciudadana.