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Opinión

Consultas y vicepresidentes

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
15 de marzo de 2026

Muchos colombianos participamos en las elecciones legislativas del pasado domingo sin votar en ninguna consulta. Ese dato, que debería ser básico en cualquier lectura consistente de la jornada, ha quedado casi borrado en el análisis que pretende presentar esos resultados como si hubieran definido el panorama político nacional.

Muchos colombianos participamos en las elecciones legislativas del pasado domingo sin votar en ninguna consulta. Ese dato, que debería ser básico en cualquier lectura consistente de la jornada, ha quedado casi borrado en el análisis que pretende presentar esos resultados como si hubieran definido el panorama político nacional. Las consultas movilizaron a una parte del electorado, pero fuimos muchos más quienes acudimos a las urnas y optamos por no participar en ese mecanismo, entre otras razones porque nuestro candidato no figuraba en esos tarjetones, y porque ya teníamos clara nuestra decisión sobre presidencia. Esa realidad, que explica buena parte de la jornada, ha sido minimizada. Aun así, buena parte de la prensa ha preferido concentrarse en extraer conclusiones anticipadas sobre lo que ocurrirá en la primera vuelta. Esa interpretación resulta superficial y, en cierta medida, engañosa, porque una consulta no equivale a una elección definitiva. En estos ejercicios, que funcionan más como un gran sondeo político que como una decisión concluyente, confluyen ciudadanos de distintos sectores con motivaciones diversas. Algunos votan por razones tácticas, otros por simpatía hacia un liderazgo, por frenar a determinado candidato o por influir en un momento político concreto. Nada de ello implica necesariamente que allí estén definiendo su voto para la Presidencia. En el caso de Paloma Valencia, por ejemplo, muchos la respaldaron por lealtad con Álvaro Uribe, por acompañar una estrategia dentro de ese escenario o por impedir que otros nombres tomaran ventaja. Convertir ese apoyo circunstancial en prueba de una victoria consolidada constituye una lectura interesada, no una verdad política. Lo más llamativo es el silencio frente a los más de diez millones de colombianos que no tomamos parte en ese proceso. ¿Por qué se nos ignora? ¿Por qué no se reconoce que allí existe una franja amplia del electorado? Resulta preocupante que se pretenda conducir la opinión pública como si el país ya hubiera tomado una decisión. Sobre la Vicepresidencia, la Constitución es clara: quien la ocupa puede llegar a asumir la primera magistratura del país. Por eso vale la pena mirar con atención a quienes han sido escogidos para integrar las fórmulas. Conviene evaluar su trayectoria, su carácter, sus convicciones, su vida personal y familiar, su coherencia, su visión de país y su capacidad de gobernar. No se trata de figuras decorativas ni de simples cuotas partidistas, sino de posibles jefes de Estado