
¿Cómo desandar lo andado?

El aprendizaje, a menudo basado en el ensayo y error, moldea padres, políticos y sociedades. Revisar la herencia de conductas es clave para evitar la hecatombe familiar, guiados por la conciencia.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid Mejor sería no tener que hacerlo, ya que eso supone desmontar algo establecido, con raíces que se resisten a ser arrancadas. Pero la mayoría de las veces el aprendizaje se basa en la formula ensayo-error, siendo inevitable las malas experiencias. La generación de padres es cíclica. Los grupos políticos cumplen su tiempo. Los niños de hoy son los adultos de mañana. Los abuelos tuvieron su época de infancia y adolescencia. ¿Qué no entendemos? Esos porqués, todos tienen su respuesta mirando retrospectivamente. Cronológicamente somos lo que aprendimos ayer. ¿Cuál fue el ejemplo que dimos y recibimos? ¿Cuál la huella que dirigió nuestros pasos? Somos causa y consecuencia y cargamos con los efectos de ambas. Las sociedades reflejan las buenas costumbres y los vicios dejados por herencia. Las relaciones y los hogares no escapan a las incoherencias afectivas y a experiencias bien o mal vividos. Las ciudades son reflejo del dictamen destacado o mediocre de sus miembros y líderes. En ese orden de ideas revisemos el gran dolor de cabeza para quienes fungen de padres. Este cargo heredado, por los siglos de los siglos, para evitar la extinción de la especie, hoy tiene muchos detractores. Se debe a que guardamos en el disco duro aprendizajes mal habidos de generaciones anteriores, también victimas de sus antecesores, que señalaron caminos, correctos o fallidos. ¿Qué hacer? La humanidad nunca antes había revisado tan concienzudamente el comportamiento humano. Tenemos muchas mentes pensantes, no todas creíbles ni aterrizadas, buscando evitar la hecatombe familiar y social que nos amenaza. Contamos con un elemento común que se llama conciencia. Ahí está la respuesta. Es un regalo innato en cada ser que nace. Pero… ¿Cómo nutrimos y manejamos ese tesoro? Seamos sinceros…Todos sabemos lo conveniente o inconveniente, lo bueno o malo, es de sentido común. Fallamos cuando nuestras decisiones son unipersonales, incoherentes y excluyentes. Un hijo en manos de sus padres, es una piedra preciosa en bruto, esperando ser pulida y limpiada. Ellos eligen la dirección. Para esta misión debe sobrar el amor que guía, el buen ejemplo, la calidad del tiempo compartido y la auto preparación mental emocional espiritual y física, para ser despensas repletas de equilibrio y herramientas disponibles para crear bienestar integral. La norma, es indispensable, el respeto, los límites, la disciplina y los buenos sentimientos, insustituibles. Más conciencia a la hora de pensar, sentir, hablar y actuar. No nos exime del error, pero es un freno de mano para ser usado.