
Coincidir

Antes de mí, entre mi hermano mayor y yo, mi mamá tuvo un embarazo que de forma involuntaria por un tema médico no avanzó y su segundo hijo Juan Isaac no alcanzó a nacer. Por lo menos no en esta familia. Año y medio o dos años después de esa pérdida, nací yo.
Antes de mí, entre mi hermano mayor y yo, mi mamá tuvo un embarazo que de forma involuntaria por un tema médico no avanzó y su segundo hijo Juan Isaac no alcanzó a nacer. Por lo menos no en esta familia. Año y medio o dos años después de esa pérdida, nací yo. No tengo que hacer mayor análisis para comprender que no soy la segunda hija, la del medio, sino que soy la tercera de cuatro embarazos, con 3 hijos nacidos y uno que no alcanzo a nacer. Tampoco tengo que pensar mucho para entender que el lugar que hoy ocupo muy probablemente no hubiera sido si ese hijo hubiera nacido. En alguna medida mi existencia es, porque él no llegó. En una línea temporal alternativa, de esas que la física cuántica nombra, mi hermano existiría y yo no. Mis papás tendrían otros nietos y otras historias se contarían en la familia. No es que piense mucho en esto, pero cuando lo hago, se me viene a la mente la canción Coincidir del mexicano Alberto Escobar: “Coincidencias tan extrañas de la vida. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir”. Esa comprensión, como persona, me hace agradecer y casi que sorprenderme por lo “gratuito” de mi existencia. A su vez, como terapeuta, me ha permitido acompañar a mujeres y parejas que han perdido embarazos (no importa si es espontaneo o inducido). He podido observar en muchas miradas, la calma que genera darle a ese hijo su lugar en la historia, más allá de la culpa, el miedo o la frustración que acompañaron esa situación. He tenido muchas de esas historias en consulta y, contrario a lo que los prejuicios marcan, no conozco la primera persona que sienta este tipo de pérdidas como un “paseo” o una “salida fácil”, es un duelo, muchas veces escondido y cargado de culpa. Pero otorgarle un lugar ofrece la posibilidad de honrar su lugar en la historia y al mismo tiempo reconocer que todo lo que han podido vivir, los hijos que nacieron después, las parejas que lograron formar, todo eso, en alguna medida es, porque aquello no fue. Si, suena mal, pero no por eso es menos real. Me dijo alguna vez un Mamo de la Sierra Nevada “Si las mamás supieran que el tiempo que ese hijo estuvo, no importa cuánto, era lo que necesitaba para cumplir su misión, no sufrirían tanto”. Y entonces viene a mi García Marquez en sus memorias: “La vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.” Yo me cuento a mi y a mi familia que, entre tantos siglos, tantos mundos y tanto espacio, teníamos que coincidir. Y acompaño a mis pacientes a contar su historia dando un lugar a ese ser y a su vez agradeciéndole haber permitido que el presente fuera tal y como lo conocen ahora.