
Clima político-electoral enrarecido

Cuánto desearíamos la inmensa mayoría de los colombianos que las próximas elecciones para Congreso y Presidencia de la República se realizaran en un clima de tranquilidad, convivencia pacífica y decencia política.
Cuánto desearíamos la inmensa mayoría de los colombianos que las próximas elecciones para Congreso y Presidencia de la República se realizaran en un clima de tranquilidad, convivencia pacífica y decencia política. Claro, con las naturales confrontaciones de ideas, conceptos, propuestas y programas de gobierno, pero siempre planteadas las diferencias con altura y en un ambiente civilizado, es decir, sin ofensas personales ni epítetos injuriosos. Sin embargo, me temo que esas aspiraciones y deseos sinceros de eso que llaman sociedad civil se vean frustrados y no materializados por culpa de hechos y circunstancias que impiden su ocurrencia. Es que para que ello acontezca se requieren unas condiciones propicias y, desafortunadamente, eso ni siquiera se insinúa en el horizonte, así sea lejano. Por el contrario, lo que se presagia es que para esta campaña electoral el país se encuentra en un estado de crispación y de incontinencia verbal desbordada y peligrosa que, nada de raro tiene, bordee los linderos de la violencia política que otrora tanto daño y dolor le produjo a Colombia. Tal vez parezca agorera esta presunción, y Dios quiera que sea así, para que no se engendren más males para nuestra Patria. Sin embargo, lo que hoy se presenta en el panorama nacional no nos permite ser optimistas, pues no vemos por ninguna parte, salvo algunas excepciones, una convocatoria clara y sincera a moderar el lenguaje y las actitudes, cosa que se produzca un cambio positivo en el pensar y actuar. Naturalmente, todo esto es la consecuencia lógica de haberse instaurado en la cúpula del poder una narrativa de odio, de confrontación constante y altisonante, fiel al talante presidencial que solo lo anima la camorra, la pelotera, la fraseología insultante e hiriente y, desde luego, repartir ofensas a diestra y siniestra, como si al primer magistrado de la Patria no le correspondiera hacer todo lo contrario, es decir, buscar la armonía y la concordia entre todos los estamentos de la población, con el objeto de cumplir el mandato constitucional de encarnar la unidad de la Nación. Pero no, el presidente Petro cree que él en vez de procurar que en el país impere la convivencia política, económica y social, lo que debe hacer es propiciar un clima de confrontación permanente, razón por la cual vemos un ambiente cada vez más enrarecido para las jornadas electorales de este 2026.