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Opinión

Cerebro y adolescencia

Remberto Burgos de la E.
Remberto Burgos de la E.
Columnista
6 de febrero de 2024

La adolescencia, marcada por curiosidad y rebeldía, define la identidad. Cambios hormonales y cerebrales impulsan el desarrollo físico y cognitivo, moldeando comportamientos y relaciones.

Por Remberto Burgos Energía envidiable tienen los adolescentes: curiosidad y rebeldía. Esto les permite crear su propio criterio del entorno que los rodea y paulatinamente van desarrollando su identidad. Son independientes o por lo menos intentan serlo y quizás no entienden que el sexo no es hacer sino lo que es. La adolescencia arranca desde los 12 años, los estrógenos y la testosterona empiezan a aparecer. Se nota en el crecimiento y dos condiciones que identifican su labor: la menstruación y las poluciones nocturnas. La testosterona la producen los testículos y cuya función incluye: madurez de órganos reproductores, crecimiento óseo y muscular, cambio en el tono de la voz y aparición de vello púbico y facial. Los ovarios producen estrógenos y además de los caracteres secundarios inician la producción de óvulos. Sus caderas se ensanchan y toda la secuencia que se inicia con los botones mamarios y su desarrollo. El cerebro crece y alcanza su mayor tamaño en la adolescencia temprana y más rápido en las niñas. Se caracteriza por su plasticidad y una capacidad enorme para aprender. Tenga presente que solo hasta los 24 años se alcanza la madurez y a esta edad la corteza prefrontal por fin esta lista. Muy susceptible al estrés y es el sitio –lastima- para alojar alteraciones mentales. La adolescencia corre con un cerebro vulnerable pero resistente y con algunas características especiales, se hace más sensible a la recompensa y eso los lleva en algunas circunstancias a correr riesgos en emociones reconfortantes. Están muy relacionados como se integran y como los perciben, sensibles a comentarios negativos y a lo que piensan de ellos en su entorno. Se aumenta la velocidad de conexión de sus redes y termina de cablearse el encéfalo. Es una computadora que se está actualizando en forma permanente y su software lleva esos compás. Tiene una gran sensibilidad a la dopamina y a la oxitocina (toma de decisiones, circuitos de gratificación y relaciones sociales). Los adolescentes desarrollan una capacidad cognitiva de lo concreto a lo abstracto y permiten que la creatividad lo obligue pensar en cambiar. Interesante como se cristaliza el deseo sexual: influencia neuroendocrina unido al contexto sociocultural. La relación es clara entre la testosterona, el aumento de la libido y los comportamientos sexuales explícitos. En los hombres fantasías eróticas, relaciones sexuales compartidas y masturbación. En las mujeres distinto y los fenómenos psicológico y social conducen el deseo sexual. Durante la primera infancia el deseo sexual es autoerótico, en la adolescencia es relacional.