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Opinión

Centro Emaús: Dios-Cultura-Medio Ambiente

Monseñor Amaury Medina Blanco
Monseñor Amaury Medina Blanco
Columnista
3 de mayo de 2026

Desde hace 26 años es un día de luto para Palo Alto. Era domingo, el día acababa de despuntar, pero a eso de las 8:00 AM se oscureció densamente con Masacre, Desplazamiento Forzado, y subsiguientes tratos crueles, inhumanos y degradantes.

30 DE ABRIL: desde hace 26 años es un día de luto para Palo Alto. Era domingo, el día acababa de despuntar, pero a eso de las 8:00 AM se oscureció densamente con Masacre, Desplazamiento Forzado, y subsiguientes tratos crueles, inhumanos y degradantes. Ese día, en presencia de testigos forzados, el verdugo dio un mondarrillazo en las cabezas de sus víctimas y luego las degolló: Gilberto Julio Vitola, Adolfo Julio, Francisco Arrieta, Jesús Antonio Reyes Solano, Argelio Flores, e intentó quemar vivo a otro. El victimario concluyó “su obra maestra” diciendo: “y la próxima vez el gallinazo no tendrá que volar en busca de comida”. Como paloalteros volvamos con la mente a aquella mañana: contemplemos el infame retén, a nuestros campesinos arbitrariamente detenidos allí y sin poder ni siquiera preguntar. Observemos su temor, pues todos intuían que podían morir ese día. Contemplemos al grupo menor seleccionado y separado del grupo mayor para que fuera testigo forzado de la carnicería. Contemplemos a nuestros hermanos siendo asesinados, yaciendo ensangrentados por el suelo y despojados de su dignidad. Contemplemos el momento en el que los nuestros – dejando ahí los cadáveres – regresan a sus casas a dar la noticia y a iniciar el desplazamiento. Contemplemos aquel río humano – niños, jóvenes, adultos, mujeres embarazadas y lactantes, enfermos, ancianos –, caminando desde el Corregimiento de Buenos Aires y aldeas circunvecinas hacia Palo Alto. Contemplemos los animales cargados con los pocos enceres que de prisa pudieron recoger. Entremos en sus mentes y en sus corazones, toquemos con nuestras manos su dolor y sus miedos, enjuguemos las lágrimas de sus ojos, sequemos el sudor de sus frentes, ayudémoslos a cargar la hamaca en donde transportan a algún anciano enfermo. ¡El camino que mil veces habían recorrido con alegría era ahora un cauce de lágrimas, de pesar y de gotas de sangre humana! Imaginemos el momento en el que pasaron por el – hoy Casa Muerto –, donde poco antes habían sido retenidos y donde probablemente todavía yacían los cadáveres. Contemplemos su entrada en masa a Palo Alto por la calle el Carpintero, su sed, sus pies llenos de polvo, sin un lugar donde hospedarse. Esa noche muchos durmieron en el suelo. Desarraigados de sus tierras, de su arroyo, de sus potreros, de sus cultivos. ¡Toda una vida cambió de un momento a otro! Ni siquiera podían acudir a las “instituciones del estado” ya que podría significar una nueva ola de persecución y de muerte. Contemplemos a la gente de nuestro querido Palo Alto acogiendo y albergando a sus hermanos en humanidad. A Pedro Manuel, cuyo hijo, víctima mortal, fue a enterrar a San Onofre. A los otros deudos inhumando a los suyos en otros lugares. Los sepultaron casi en anonimato, sin poder externar su dolor, sin traje de luto y sin la compañía de los vecinos que, en circunstancias naturales, hubiesen acudido en gran número al duelo. Contemplemos a Nuris Berrio, estaba embarazada, apenas dos meses luego del desplazamiento falleció su esposo, y poco después tres de sus niños. Contemplemos a nuestro Palo Alto sometido a todo tipo de crímenes por los mismos autores de la masacre y del desplazamiento. Aquella histórica casa de la Niña Sol Abud en el Manguito transformada en tribunal de facto. A nuestras víctimas de desaparición forzada: Justo Germán Cortés Mendívil, Benuvia Martínez Pineda, Clara Parra Berrio, Soldado José Andrés. Y de asesinatos selectivos: Luis Manuel Berrio Ricardo, Wilfredo Zúñiga Ricardo, Alí Santiago Márquez Julio, Soldado Leonel Santana Camacho, Tomás Sarmiento Monterroza, Alfredo Toro García. A los 4 foráneos residentes en el barrio “Las Playitas”, y a los desconocidos que arrojaban en la carretera. Parafraseo un texto bíblico y lo aplico a esos amargos años: “Se oye una voz en Ramá [en Palo Alto], lamento y llanto amargo. Es Raquel [es Palo Alto] que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, pues ya no están… Ten esperanza para el futuro, pues tu descendencia regresará a su tierra [a los Montes de María]” (cfr. Jeremías 31, 17-17). En conclusión: recordemos, lloremos si nos vienen lágrimas, sería inhumano no conmoverse ante tanta barbarie. Que lo vivido no se olvide para que no se repita y que la dignidad humana prevalezca. Imploremos al Altísimo para que terminemos de sanar nuestras heridas, perdonemos a nuestros verdugos. Hoy es un día de luto para Palo Alto, pero también es un día de esperanza. Volvamos a creer en la humanidad. Volvamos a empezar. Queridos paloalteros, queridos desplazados, queridas víctimas, los amo sin igual. Gracias por ser y por perseverar. Gracias por sus luchas. Gracias por haber combatido con el arma del respeto por la sacralidad de la dignidad humana. Ustedes son los vencedores en esta historia. El Centro Emaús tiene sus puertas abiertas, el Monumento a las Víctimas de Palo Alto es de ustedes. Dios los bendiga. ¡Que nunca más sea negada la dignidad humana, pues negarla es negar a Dios!