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Opinión

Centro Emaús: Dios-Cultura-Medio Ambiente

Monseñor Amaury Medina Blanco
Monseñor Amaury Medina Blanco
Columnista
1 de agosto de 2024

La quema de la estatua de Santiago Apóstol enciende el debate. El obispo Amaury Medina Blanco denuncia afirmaciones intolerantes que vinculan el suceso con un castigo divino.

Por: Mons. Amaury Medina Blanco Se quemó la estatua de Santiago Apóstol en San Benito Abad. Al respecto, surgieron afirmaciones de presuntos “creyentes” relacionando lo acaecido con castigo de un Dios -Jehová- celoso, contra la presunta idolatría de los católicos. Esas afirmaciones son anticristianas, discriminantes, intolerantes y fanáticas. A mayor ignorancia, mayor fanatismo. ¡Así se forman los terroristas! Al final de nuestras vidas seremos juzgados según la caridad que hayamos o no practicado con el prójimo. Nosotros, lideres religiosos católicos, cristianos no católicos, hebreos, musulmanes, hindúes, budistas, y de cualquier otra corriente religiosa u ideológica, tenemos la responsabilidad de educar a nuestros fieles en el respeto al hermano en humanidad. Creo oportuno recordar cuanto sigue: Declaración Universal de los Derechos Humanos, n. 18: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”. ONU, Declaración sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o las convicciones, n. 3: “La discriminación entre los seres humanos por motivos de religión o convicciones constituye una ofensa a la dignidad humana…, y debe ser condenada como una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales…, y como un obstáculo para las relaciones amistosas y pacíficas…”. Biblia: “si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa” (Mt 12,7). “La religión pura y sin mancha consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y en mantenerse limpio de la maldad de este mundo” (Stg 1, 27).