Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Carta abierta de una terapeuta

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
14 de diciembre de 2024

Una terapeuta comparte su visión sobre el proceso de acompañamiento, destacando la importancia de la autenticidad y la transformación personal en la terapia.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Si pensara que no puedes, que lo que esperas es imposible, que tu dolor está destinado a seguir dañando y echando raíces, me hubiera dedicado a otra cosa. Si no creyera en tu potencia y tu capacidad de transformar aquello que te amarra y disminuye, hubiera cerrado hace tiempo la puerta del consultorio por última vez para nunca más abrirla. Vivo junto a ti la confusión de tus historias, las contradicciones que planteas, lo irónico de elegir algo cuando realmente tu impulso va en dirección contraria. Soy testigo y te muestro cuando dejas de ser fiel a ti para agradar a los demás, para obtener su reconocimiento y miramos como el saldo de amor propio disminuye al vivir así. Ya te diste cuenta que me rio junto a ti en consulta cuando recuerdas algo divertido. Que se me eriza la piel cuando, al darte cuenta de un mecanismo personal que por caduco y viejo dejó de funcionarte, abres los ojos con sorpresa y esa pieza del rompecabezas termina por encajar. Y no, no me cansan ni me aburren tus historias. No me desesperan tus miedos y tus inseguridades, no me siento decepcionada de ti cuando te incumples en un propósito. Esos juicios hacia ti mismo te pertenecen y te lo haré ver, mostrándote como el miedo a aburrir a las personas, incluida yo como tu terapeuta, es una excusa para esconderte y dejar de ser auténtica. También sé que esto de ir a terapia no es fácil. Que es un lugar privilegiado que cuesta más de lo que muchos pueden asumir económicamente. Sé que para algunos, la expectativa es recibir tips para vivir una vida mejor y terminan encontrando un espejo que remueve la manera en que habían diseñado su mundo y se descubren (juguemos con la palabra) se des-cubren, rompen molde y dan el paso a una vida más autentica. Dije autentica, no fácil. Pero ya lo sabes, lo hemos hablado. Tengo claro que a muchas personas no les gusta el ser humano en el que te estas convirtiendo al conocerte más y mejor. Que para algunos era preferible relacionarse con alguien dispuesto a todo por ser aceptado y que perder ese lugar les molesta. Pero aquí estamos, organizando poco a poco tus vínculos, eligiendo conscientemente algunos y renunciando a otros, reconociendo de qué forma avanzar en dirección a tus deseos, a lo que realmente quieres. Eso que no vez en ti, tu terapeuta lo ve. Esa confianza que hace tiempo perdiste, la tenemos de forma incondicional. Esa aceptación que no tienes contigo mismo, tu terapeuta la siente. Un buen terapeuta te mira no para juzgarte, sino para acompañarte, aunque eso implique confrontar y sacudir la estructura que has armado, las defensas que has diseñado, las trampas que te has hecho. Ser psicoterapeuta es doloroso y amoroso a la vez. Y aquí estamos, con la mente y el corazón abierto para acompañarte en tu historia.