
Capital natural: oportunidad histórica

Hoy, cuando el mundo avanza hacia modelos que integran el capital natural en las decisiones económicas y financieras, departamentos como Sucre tienen una oportunidad única para redefinir su futuro. Construir una estrategia económica moderna que reconoce que mares, ríos, ciénagas, manglares y paisajes culturales como activos productivos que generan valor, empleo, cohesión social e impulsan el emprendimiento.
Hoy, cuando el mundo avanza hacia modelos que integran el capital natural en las decisiones económicas y financieras, departamentos como Sucre tienen una oportunidad única para redefinir su futuro. Construir una estrategia económica moderna que reconoce que mares, ríos, ciénagas, manglares y paisajes culturales como activos productivos que generan valor, empleo, cohesión social e impulsan el emprendimiento. Sucre posee un patrimonio natural y cultural que cualquier territorio envidiaría: el Golfo de Morrosquillo con su potencial marino-costero, el río San Jorge como eje de vida y conectividad, y municipios como San Onofre, Tolú, Coveñas, Sampués y San Benito Abad, donde convergen tradiciones, artesanías, música y gastronomía capaces de sostener un turismo cultural de alto valor. Sin embargo, estos activos siguen sin incorporarse plenamente en la planificación económica, por lo que es pertinente orientar acciones en este sentido. Las discusiones recientes en organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo han puesto sobre la mesa medidas de política pública que Colombia —y en particular Sucre— podría adoptar sin esperar reformas estructurales imposibles. Entre ellas destacan tres líneas estratégicas: valorar económicamente los ecosistemas, integrar esa información en la gestión fiscal y financiera, y alinear la inversión pública con la conservación y restauración. Valorar los ecosistemas no significa ponerle precio a la naturaleza para venderla, sino reconocer su aporte real: cuánto ahorra un manglar al proteger de inundaciones, cuánto genera un arrecife sano en turismo, cuánto vale la pesca artesanal cuando se maneja de forma sostenible. Esa información permite tomar decisiones más inteligentes sobre infraestructura, ordenamiento territorial y uso del suelo. La segunda línea implica que los gobiernos locales incorporen el capital natural en su contabilidad pública, en la evaluación de proyectos y en la gestión del riesgo fiscal. Un municipio, por ejemplo que interviene su ecosistema costero para urbanizar no solo pierde biodiversidad, sino que aumenta su exposición a desastres, reduce ingresos futuros y compromete su estabilidad financiera. Finalmente, alinear la inversión pública con la naturaleza significa priorizar proyectos que restauren cuencas, fortalezcan el turismo cultural sostenible, impulsen la pesca responsable y protejan los paisajes que hacen de Sucre un territorio único. Redefinir la prosperidad no es un lujo. Es la única forma de que Sucre construya un modelo donde la riqueza no se agote, sino que se regenere. El capital natural no es un adorno, es la base del desarrollo que viene.